"Hay que repensar las políticas agrarias"
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El campo conforma una compleja estructura social y es uno de los principales pilares de la economía.
La cartelización oligopólica y posiciones dominantes de los eslabones más fuertes de las cadenas agroalimentarias y el «dar vuelta la cara» de algunos funcionarios gubernamentales, haciéndose los distraídos, son realidades que explican las distorsiones generalizadas de precios relativos y las ganancias indebidas de pocos en desmedro de muchos.
Si el paro agropecuario demostró la unidad de las bases agrarias por encima de toda especulación gremial corporativa, ahora la dirigencia del sector debe entender el mensaje de los que producen y, sin especulaciones ni exclusiones de ninguna naturaleza, unirse para repensar organismos públicos y privados y políticas activas para el sector, como contrapartida a una situación donde los dogmas -rayanos en lo sagrado- de la competitividad y el mercantilismo salvaje se erigen como pensamiento único y permiten que mercados imperfectos y políticas inaceptables logren transferir la renta de nuestras riquezas naturales y el trabajo y el esfuerzo de los que producen a unos pocos individuos y empresas con total impunidad.
Complicaciones similares en todas las regiones y producciones del campo ameritan discutir con urgencia una ley de fomento para las micro, pequeñas y medianas empresas, beneficiándolas con condiciones tributarias, financieras y de promoción especiales y con verdaderos efectos expansivos sobre ellas, colocándolas en equilibrio competitivo, condiciones de desarrollo sostenido y protegidas de los procesos de globalización y concentración que afectan especialmente a los países en vías de desarrollo.
Cuando aparecen los problemas y las injusticias, las organizaciones fuertes adquieren verdadera importancia y se comprende la imperiosa necesidad de lograr la unidad del sector a través de un gran movimiento agropecuario nacional, como venimos sosteniendo desde hace muchos años.
Transferencias espurias de divisas y sistemas productivos inapropiados, términos del intercambio distorsionados, aumentos en proporción geométrica de pagos de regalías y patentes a corporaciones internacionales, desatención de las investigaciones científicas y tecnológicas de punta, depredación de nuestra plataforma submarina y de nuestros recursos mineros, combustibles y derivados del petróleo argentino con costos en pesos pero que nos cotizan internamente a precios internacionales en dólares son sólo algunas de las características de una estructura macroeconómica y productiva dependiente, injusta y regresiva, que debe ser modificada para que la utopía de una Argentina para todos se convierta en realidad.



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