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Además, la aplicación de una nutrición balanceada, en la que se consideran ajustes en nitrógeno, fósforo y azufre y micronutrientes, según diagnósticos integrales (caracterización del sitio, análisis de suelos y rendimientos esperados), reduce en un 50 % las diferencias de rinde asociadas a la nutrición con respecto a las prácticas aplicadas actualmente.
Por otra parte, Díaz-Zorita señaló que estudios en desarrollo a partir de análisis foliares sustentan esta caracterización del estado nutricional regional e incluyen la valorización de la caracterización específica por expectativas productivas integradas en los sistemas productivos.
Bellow, por su parte, destacado investigador, mostró los desafíos que tiene el productor maicero estadounidense en cuanto a la brecha de rinde obtenido en ensayos, donde se alcanzaron récords de más de 34 toneladas por hectárea -bajo riego- y de 25 toneladas por hectárea -en secano- sobre un rinde promedio en 2017 de 11,1 toneladas por hectárea.

