30 de septiembre 2026 - 00:00

Diálogos de Wall Street: ¿Dónde está el piloto? Los bonos desafían a Scott Bessent y empujan las tasas a las alturas

¿Dónde está el piloto? ¿Hasta dónde llegará la suba de las tasas largas? ¿En qué quedó la advertencia de Bessent y su presunta operación de salvamento? ¿Quién manda acá? Los bonos están a cargo y nos llevan cada vez a mayores alturas, ¿o no es así, Gekko?

Gordon-Gekko Diálogos

Periodista: La Fed de Kevin Warsh se tomó tres reuniones – un trimestre y medio – para subir fed funds un cuarto de punto. Una decisión que no le resultó fácil. Y fed funds permanecía inmóvil desde diciembre. Del miércoles a hoy, en cambio, la curva de bonos se desplazó en alza un cuarto de punto y un poco más. En una exhalación. Y eso que desde que comenzó la guerra en Irán ya llevaba un punto porcentual completo de suba.

Gordon Gekko: Como si el secretario del Tesoro, Scott Bessent, no hubiera dicho esta boca es mía.

P.: El Tesoro advirtió con suma claridad que iba a intervenir. Pero el rally de la curva continúa.

G.G.: Bessent está haciendo las recompras de las viejas emisiones de deuda. En los términos estrictos que anunció. Se concentró en mejorar la liquidez secundaria en la parte larga de la curva. Y redujo los spreads entre las emisiones viejas y las más recientes.

P.: Lo que no impide que toda la curva de bonos se mueva hacia arriba.

G.G.: Y sin escatimar vehemencia. Lo que sufrimos la semana pasada fue un berrinche, un tantrum. Una puñalada de veinte puntos base en dos días. Y no terminó. Hoy tomó impulso de nuevo.

P.: Que era lo que Bessent quería evitar.

G.G.: Y lo que evitó hasta la semana pasada.

P.: ¿Qué pasó? Los bond vigilantes le doblaron el brazo. Y no ofreció resistencia. ¿Quién manda acá?

G.G.: La Fed de Warsh subió la tasa overnight. La curva de rendimiento elevó todo el espectro restante. Está claro que no manda la voluntad de Bessent. Mucho menos, la de Trump.

P.: Como decía James Carville, el estratega de campaña de Bill Clinton, el mercado de bonos es el que define el rumbo. Y no está satisfecho.

G.G.: Eso está claro. Pero lo suyo no es una composición de tema libre. Los bonos toman su inspiración de la fortaleza de la economía real y de las señales rotundas de aceleración que se conocieron el miércoles pasado.

P.: Y detrás de ello, está la pujanza de la inteligencia artificial (IA). ¿No es así?

G.G.: Correcto. La reacción fue inmediata. Se conoció el informe PMI que fue el mensajero, y la curva se disparó. Sin dudarlo.

P.: Sin pensar en ningún momento en que Bessent podría salirle al cruce.

G.G.: Con la carta ganadora volcada sobre la mesa, Bessent hizo lo razonable: el mutis por el foro. En todo caso, avisó que David Zervos, el ex estratega de Jefferies, se suma a su equipo.

P.: Soldado que huye sirve para otra guerra. Y ahora tiene un refuerzo.

G.G.: La carta fuerte que podían jugar Trump y Bessent era forjar una tregua con Irán y descomprimir los costos de la energía. No lo hicieron antes de la reunión de la Fed. Rechazaron la oferta que les presentó después Teherán. No lo harán, en contra de lo que podía presumirse, antes de las elecciones del 3 de noviembre. Es una apuesta de alto riesgo. Y vemos la factura.

P.: Trump también rechazó la propuesta de Darío Amodei de Anthropic de desacelerar la expansión de la IA debido a los riesgos críticos de seguridad. La iniciativa tenía el apoyo de Sam Altman (Open AI) y de Elon Musk…

G.G.: Mire, la economía está lanzada a toda velocidad. No levanta el pie del acelerador. En ese sentido, Trump tiene lo que quería. El presidente decidió no aflojarle la presión a Irán. Sabe perfectamente que habrá que pagarlo en el surtidor. Incluso, pretendía que la Fed no interfiriese con una suba de tasas. Donde sí estuvo prudente, y evitó echar más leña al fuego, fue con la visita de Xi Jinping. Nada que preocupe por ahí.

P.: Todo cierra con tasas de interés más elevadas.

G.G.: Es lo que vemos. Con la economía creciendo a todo vapor, no hay otra manera. O, alternativamente, algo afloja, o se rompe, y provee una cuota de sosiego.

P.: O Bessent se lanza al ruedo. ¿No lo ve posible antes de la elección? Después promete que se resolverá la guerra y caerá el precio del petróleo de manera violenta. Mi pregunta es si puede terciar ahora. ¿Tiene con qué? ¿O lo suyo es un bluff?

G.G.: Bessent está sentado sobre una caja de 977 mil millones de dólares, contantes y sonantes, en la Fed. Lo que puede hacer es lo mismo que hace en un shutdown, en un cierre parcial de gobierno. Dejar de colocar deuda. Por supuesto, el remedio no debe ser peor que la enfermedad. Y ya vimos que no come vidrio, aunque Trump lo presione. No se tentó con la idea de controlar la curva, por ejemplo, o de fijarles techo a las tasas. Lo que es esperable es que achique el tamaño de las emisiones de largo plazo. Quizás elimine del todo la colocación a 20 años y concentre la liquidez en los casilleros de 10 y 30 años. Si elige bien el momento, junto con un acuerdo con Irán, por ejemplo, puede marcar un punto de inflexión. La demanda va a decir presente: hay muchos fondos e instituciones con la postura firme de acumular posiciones por encima de 5% que ya están en acción.

P.: En medio del temporal.

G.G.: Esa es la idea. Entrar cuando el temor campea. Pero, para que se sostenga en el tiempo, la Fed de Warsh tiene que confirmar su manejo independiente. El banco central provee el anclaje nominal que es imprescindible. Su determinación no puede estar en zona de dudas en momentos críticos como este.

P.: ¿Todavía se desconfía de Warsh a pesar de la suba de tasas?

G.G.: Eso se podrá refutar en el terreno. Lo que hay que cubrir es el vacío que dejó la cancelación de la forward guidance. Porque la volatilidad de los bonos tampoco es un buen reemplazo. En momentos de ebullición, los mercados correrán el arco más y más hacia arriba. Y si algo se rompe, se derrumbarán con idéntica facilidad. La política monetaria no puede quedar a la merced de estos vaivenes. Se limará su reputación si no los sigue (y no se explica bien por qué). O se arruinará su eficacia si se compra lo que no es una señal válida sino puro ruido.

P.: Los futuros descontaban dos subas de tasas, luego tres, ahora cuatro… ¿Ese es el problema? ¿Quién da más? Con cada indicador, las expectativas flamean.

G.G.: Disponer de una voluntad informada, con músculo, que obre con un criterio creíble e independiente, aunque no necesariamente anticipe lo que va a hacer, es lo que se usó para esquivar las crisis, o afrontarlas y minimizar los daños. ¿Por qué la inflación sube y la inflación esperada a mediano plazo se mantiene en línea con la meta de 2% aunque la meta no se cumple desde 2021? Porque esa credibilidad, que llevó años construir, sigue en pie. ¿Por qué no sucedió la recesión de 2022 si la inflación se disparó por encima de 7% y la Fed, a fin de 2021, mantenía la tasa cero y después la corrió por detrás? Por la misma razón: la reputación sirvió de ancla. Si usted se fija, hoy John Williams, de la Fed de Nueva York, sale a jugar ese papel. Aportó una brújula en lo más copioso de la tormenta. “Es muy probable que un aumento más de tasa sea suficiente este año”, dijo.

P.: Nos dio un tranquilizante.

G.G.: Es una referencia estable en medio del sobresalto. Y subraya una obviedad: el berrinche no es la recomendación de política monetaria a seguir. Lo que Warsh debe hacer es restaurar lo que se dañó en el margen.

P.: Lo que él dañó, quiere decir.

G.G.: Así es. Lo que hoy dijo Williams, si lo decía Warsh, era como si lo estuviese dictando la Administración Trump. Debe recuperarse esa voz de la institución, acertada o no, pero independiente de los caprichos del poder político, y también de los cambios de humor de los mercados. En esta coyuntura, en la que todo cambia, desde la tecnología hasta la geopolítica, la gente se pregunta si estamos en un nuevo régimen de nominalidad. Lo que se debe confirmar es que no. Cambió el chairman, no el mandato. Y para cumplirlo de la mejor forma no hay tampoco ninguna necesidad de reinventar la pólvora ni de improvisar.

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