26 de junio 2001 - 00:00

Inquietan cambios de impuesto en granos

Eliminar las retenciones de IVA de 12 por ciento a los granos y al algodón impulsará a la inversion y la demanda de empleo. Pero pretender reducir las alícuotas de IVA a la venta de los granos es una aberración, dice economista de la Sociedad Rural Argentina.

La naturaleza del Impuesto al Valor Agregado ha sido desvirtuada al implementarse las retenciones, percepciones y los pagos a cuenta, convirtiéndose en un impuesto sumamente distorsivo, para los sectores productivos.

Se desnaturalizó su característica de ser neutral y en consecuencia, las inversiones suelen quedar gravadas, a pesar de la mecánica aplicada sobre los débitos y los créditos.

Un caso típico y que genera gran preocupación, son las retenciones que se aplican en la producción de granos, ya que los empresarios rurales deben comprar sus insumos pagando alícuotas de 21 o 26%, (de ser el proveedor gran contribuyente), y posteriormente, esperar un ciclo productivo que contiene varios meses para vender los productos cosechados, recibiendo solamente 9%, de 21% correspondiente; gracias a las retenciones desmedidas de 12% sobre el valor de venta.

Este hecho genera un préstamo al gobierno nacional a tasa de interés cero, a raíz del saldo a favor que acumula el productor. Peor aun, cuando se dificulta su recuperación, ya que se transforma en un ahorro forzoso que resta capital de trabajo a las distintas actividades de la empresa rural y de esta manera aumentan los costos de producción y por ende, se pierde competitividad empresaria, sectorial y nacional. Además ante la menor disponibilidad del capital de trabajo, el empresario rural paradójicamente acude al banco, donde toma créditos con destino a la siembra a tasas efectivas que son irracionales, o en su defecto se financia con sus proveedores con tasas implícitas más desorbitantes aún. Las inversiones y la transparencia del mercado, son las primeras afectadas por la fuerte distorsión que genera la implementación de las retenciones de IVA, retardando la reconversión tecnológica, el aumento en la productividad y con ello la recuperación de las economías regionales y en consecuencia, la nacional.

Distorsiones

Esta distorsión financiera y económica se agrava en los casos donde los ciclos biológicos son de mayor duración, como se observa en la ganadería, la fruticultura, la forestación y la vid, entre otras actividades del agro argentino. Otro factor a tener en cuenta, es que las actividades que demandan una utilización de capital más intensivo, son las que reciben un mayor castigo por el perjuicio que ocasionan las retenciones de IVA a los productores, que al invertir acumulan crédito fiscal en forma permanente y de difícil recuperación. También debe tenerse en cuenta que el sector agropecuario, es tomador de precios internacionales, por lo tanto, se ve imposibilitado de transferir a sus precios de venta el mayor costo de producción y en consecuencia se recibe 100% de impacto negativo creado por la excesiva voracidad fiscal.

Las retenciones, percepciones y pagos a cuenta, además de incrementar las distorsiones que genera el IVA, encarecen el costo de administrar las empresas, ya que le otorgan una mayor complejidad al sistema, situación que requiere un permanente asesoramiento contable, y que a su vez dificulta el control y la eficiencia en la recaudación por parte del Estado.


Una medida que podría atenuar los perjuicios que sufren los empresarios rurales es la eliminación de las retenciones que rigen sobre la venta de granos y algodón, pero lamentablemente a pesar de los anuncios realizados, está condicionada a la reducción de la alícuota del IVA a la venta de los granos, lo cual es una aberración. Las actividades granarias, consideradas en forma aislada, generan de por sí, saldo a favor del contribuyente y si a esto le sumáramos el crédito fiscal de IVA que se produce por compra de maquinaria, repuestos, combustibles, molinos, alambrados o al utilizar diversos servicios, concluimos que muchas empresas se encuentran con la disyuntiva de cómo obtener el capital de trabajo legítimo, que actualmente está en manos del Estado. Pretender reducir las alícuotas del IVA a la venta de los granos y el algodón a la mitad, es enviar a la quiebra a las empresas rurales, y demostrar un amplio desconocimiento de la problemática agropecuaria.

Nuestro país logró,
hace pocas semanas, un megacanje que se puede catalogar de exitoso, pero el beneficio financiero no perdurará, a no ser que aprovechemos esta oportunidad para recuperar rápidamente la capacidad productiva de los sectores más eficientes y dinámicos de la economía. Así podremos seguir circulando por el sendero que nos permite competir en un mercado internacional, que presenta un escenario cada vez más complejo y más distorsionado por los elevados subsidios que otorgan los países desarrollados, a sus productores y sus exportaciones.

Inversión

En este marco, tomar la decisión de eliminar las retenciones de IVA, seguramente impulsará a la inversión, combatirá a la evasión, brindará mayor transparencia al mercado, disminuirá la deuda del Estado con los contribuyentes, generará empleo y favorecerá la recuperación de la economía, que por cierto transita por la recesión más profunda de los últimos tiempos.

Pero reducir la alícuota del
IVA venta de los granos y el algodón generará el efecto contrario. ¿Quién se va a hacer cargo del costo social que esto implica?

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