31 de julio 2001 - 00:00

La competitividad requiere de un proceso de cambios

No hay dudas de la necesidad de mejorar la competitividad agroalimentaria para producir y vender, agrandar la porción de mercado y crecer. Tampoco quedan dudas acerca del aporte del INTA a la productividad, el desarrollo rural y la preservación del medio ambiente, como brazo tecnológico de la política agropecuaria. Sin embargo, los profundos cambios de los últimos años en la economía nacional e inter-nacional, y el creciente proceso de globalización de los mercados requieren un nuevo marco conceptual para encarar el conjunto de actividades que se desarrollan desde el campo hasta el consumo, en el llamado complejo agrolimentario.

Esta visión integradora es indispensable para diseñar políticas tecnológicas destinadas a la producción alimentaria, que permitan mejorar su competitividad, comprendiendo los vínculos entre las etapas, detectando las limitaciones para resolver, disminuyendo los costos de las transacciones e identificando las oportunidades de articulación entre los actores de las cadenas alimentarias. Resulta central privilegiar la búsqueda de soluciones cooperativas entre los productores, la industria y los canales de distribución en lugar de vínculos de competencia, donde muchas veces prevalece el eslabón más fuerte (que aumenta sus beneficios o reduce su riesgo) a expensas de los demás operadores. La mejora de la competitividad requiere un proceso continuo de cambios innovadores en el entorno institucional, organizacional y tecnológico de la producción agroalimentaria. En este contexto, el INTA está decidido a ocupar el espacio de genera-ción, difusión y aplicación de conocimientos sobre las ventajas comparativas de la producción, para crear ventajas competitivas sostenibles en toda la cadena. La meta es implementar una política tecnológica a mediano y largo plazo que haga rentable y sustentable la producción de agroalimentos, objetivo que se enfrenta con las actuales dificultades de los productores, especialmente los pequeños y medianos. Gran parte de ellas transcurre «tranqueras afuera».

Por eso, la estrategia del organismo avanza hacia la aplicación de tecnologías «blandas» u organizacionales, que consisten en mejorar la gestión de la empresa agraria y la comercialización, el alma-cenaje, la logística y el transporte, facilitando el uso de los Mercados a Término y otras herramientas para disminuir el riesgo.

Trabajo en red

En el marco de esta visión estratégica, se hace hincapié en la instrumentación de mecanismos asociativos y en la promoción de los distritos agroindustriales. Además, se fortalecen los vínculos con el sistema de ciencia y tecnología, con las empresas de base tecnológica, las entidades y las cámaras de la producción; los municipios, las organizaciones no gubernamentales y las universidades. Un auténtico trabajo en red, fundamental para lograr con eficiencia y eficacia los objetivos propuestos. Esto incluye la capacitación permanente de los investigadores, profesionales, empresarios y productores, y la instrumentación de estrategias específicas para cada región productiva.

No obstante, el INTA tiene problemas que datan de bastante tiempo. El presupuesto, la devolución de la autarquía, la obtención de fuentes extrapresupuestarias, prove-nientes de otros organismos, la relación con el sector privado y el financiamiento internacional son temas priori-tarios para resolver este problema. Estos cambios en el pensamiento estratégico del INTA son fundamentales para construir ventajas competitivas genuinas en la cadena agroalimentaria, cuyos beneficios se distribuyen tanto en el productor como en el consumidor.