La soja sigue en la mira: todos quieren castigarla
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El campo argentino es fuente de toda la riqueza nacional, o al menos de gran parte, eso está claro y es evidente. Pero el campo no es todo, no se puede extraer todo de él, ni siquiera alcanza para todos. Los agricultores vienen sufriendo una discriminación recurrente desde hace 50 años, mejor dicho una persecución psicótica, con las famosas retenciones (que en realidad son impuestos a las exportaciones, un castigo a los que son competitivos y que no piden dádivas o privilegios); éstas, las retenciones, surgieron en la época del primer gobierno de Perón y se mantuvieron con todos los gobiernos, llegando al extremo de imponerse 55% de retenciones a la soja en la campaña 1975/1976.
Para tapar estas malas prácticas, es necesario crear fantasmas, demonios, encontrar a los malos de la película. Es justamente lo que se pretende ahora con el campo, haciendo un demonio de su producto principal, la soja. Esto, como ha hecho un programa de televisión, es ser funcional a las malas prácticas de política económica; es ser funcional a los más variados e irracionales argumentos, tales como: que la soja es exótica, que la soja es transgénica, que la soja es negocio de los obtentores (semilleros legales), que la soja es negocio de las grandes cerealeras, que hace mal a la salud, que no sirve para la dieta de niños...
Lo cierto es que como depresivos autodestructivos, los argentinos, encontramos otro enemigo, ahora interno: la soja. Enemigo que justamente es la materia prima del sector más competitivo y eficiente que tenemos. El complejo sojero argentino es un sector industrial muy competitivo en el mundo; en el extranjero, los industriales inversores de verdad dicen, «queremos una planta aceitera como las argentinas», todo una referencia, un hito.
• Hitos
Otro hito, es la misma producción actual de soja de la Argentina, Brasil y en menor medida la de Paraguay. Por primera vez en la historia, la producción de estos países del hemisferio sur es más importante que la producción de EE.UU. y de todo el hemisferio norte. Hoy, la Bolsa de Cereales de Rosario o la de Buenos Aires bien pueden ser consideradas como el mercado de Chicago en el Sur. La Argentina y Brasil son referencia en materia de precios internacionales, ya no somos meros tomadores de precios como se decía antes. Ahora Chicago pone los ojos en nosotros, observa qué está pasando en esta región del mundo para manejar los stocks mundiales y los precios.
Lo importante es reconocer que los precios actuales son una coyuntura favorable, nada más que eso y que es una oportunidad para aprovechar. Que ganen los que tienen que ganar, que ganen los que invirtieron, los que plantaron soja. Los precios son altos por cuestiones climáticas y, gracias a Dios, dadas las comunicaciones existentes del mundo global, se conoce al instante qué pasa o su-cede en los mercados.
• Obsoleto
Con el complejo sojero sólo no nos vamos a salvar, pero no por eso lo castiguemos con medidas obsoletas y contrarias a los intereses nacionales, medidas de concepción rentista. Se pueden incorporar nuevas tierras agrícolas en el litoral norte y en el noroeste, sin deforestar, y con pequeñas obras públicas para el manejo de cuencas. Este complejo puede incorporar, a su vez, más valor agregado, tiene que vender más aceites refinados y menos aceite crudo, pero es necesario dar el crédito a nuestra Pampa Húmeda ampliada y a su principal producto, la soja y sus subproductos, dado que nos permite estar a la par con las tierras de la cuenca del Mississippi y sus afluentes el Tennessee y Missouri.
En realidad a la par en materia de tecnología y productividad, pero no en materia de ingresos de los productores, la Argentina castiga a los suyos; sin embargo, los farmers estadounidenses reciben tres tipos de apoyo: pagos directos, b) pagos anticíclicos y c) prestamos compensatorios para lograr un precio interno garantido.
(*) Ex subsecretario de Agricultura y Ganadería. Secretario ejecutivo de la Fundación para el Desarrollo Económico y Regional de la Argentina (Federar).



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