31 de mayo 2004 - 00:00

Mozart con talento y mucho desparpajo

«El empresario teatral» («Der Schauspieldirektor»). Opera cómica en un acto. Música: W. A. Mozart. Libreto: Johann Gottlieb Stephanie. Maestro concertador y director de orquesta: Fernando Alvarez. Escenografía: Facundo Lozano. Vestuario: Patricia Terán. En el Teatro Municipal Roma ( Avellaneda).

«El empresario teatral», singspiel en un acto de Mozart, fue estrenado en el castillo de Schönbrunn ( Viena), el 7 de febrero de l786 y constituye una deliciosa operita breve, de menos de una hora de duración, de asunto bastante superficial pero que no deja de tener su costado crítico.

La rivalidad de dos prima donnas en el siglo XVIII permite a Mozart y a Stephanie, el autor del libro, echar una mirada satírica al mundo del teatro con sus mezquindades, violencia, poder del dinero e intereses varios con la profundidad vulnerable que la duración del espectáculo autoriza.

• Suma de aciertos

Una chispeante obertura, dos arias para soprano y algunos conjuntos se alternan con numerosos diálogos que en la actual versión emprendida por el Teatro Roma de Avellaneda (segundo título de su temporada del Centenario) con buen tino se ofrecen en traducción al castellano mientras que las arias y demás momentos en el idioma original.

El mayor mérito de esta producción está en la concertación musical llevada a cabo con saludable espíritu burlón por el maestro Fernando Alvarez, verdadero artífice de una dirección orquestal ágil, briosa y por momentos brillante al frente de una muy recuperada orquesta Sinfónica Municipal de Avellaneda.

El estilo mozartiano se evidenció en varios momentos de la representación. El director asimismo produjo el milagro de dar coherencia y síntesis a una serie de intercalaciones y agregados varios sin que éstos resultaran extemporáneosy sí provocaran la hilaridadde la sala en más de una ocasión.

La serie de disparates que se enhebran en este
«Empresario teatral» son muchos, digamos que algunos de los principales son el desparpajo del mismo Alvarez que en un momento de la acción y provocado desde el escenario por uno de los actores-cantantes, deja la batuta y sube al palco escénico para cantar con no poco dramatismo un aria de «Macbeth», de Giuseppe Verdi, ópera que a nadie habrá escapado fuera concebida unos sesenta años después del estreno en Viena del singspiel de Mozart, o el momento en que todos los participantes del elenco interpretan un fragmento de un «musical» de Broadway con todas las de la ley.

• Duelo de voces

Un cuadrilátero ubicado a tiempo en el centro del escenario dejó que las dos sopranos (las brillantes, musicales, jóvenes y de voces frescas y afinadas Natasha Tupin y Soledad de la Rosa) rivalizaran en infernales coloraturas interpretando a dúo una de las dos arias de la Reina de la Noche de «La Flauta Mágica», también de Mozart y ahí no terminan los despropósitos de esta suerte de «music hall», varieté, sainete o como quiera denominarse a esta relectura de «Schauspieldirektor».

Un reparto eficaz reunió además de las «divas» vernáculas Tupin y De la Rosa a actores y cantantes ( Sebastiano De Filippi, Norberto Lara, Maximiliano Accavallo, Gabriel Rosas y hasta la roquera Divina Gloria). Es muy probable que esta versión del trabajo de Mozart, cruzado aquí y allá por su genialidad y el refinamiento pícaro vienés, pueda despertar horror en los puristas, aunque lo cierto es que los asistentes a la representación rieron con ganas y aplaudieron con ímpetu los desplantes en forma de rondó de estas desmesuradas divas operísticas.

Dejá tu comentario