Mozart con talento y mucho desparpajo
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«El empresario teatral», singspiel en un acto de Mozart, fue estrenado en el castillo de Schönbrunn ( Viena), el 7 de febrero de l786 y constituye una deliciosa operita breve, de menos de una hora de duración, de asunto bastante superficial pero que no deja de tener su costado crítico.
La serie de disparates que se enhebran en este «Empresario teatral» son muchos, digamos que algunos de los principales son el desparpajo del mismo Alvarez que en un momento de la acción y provocado desde el escenario por uno de los actores-cantantes, deja la batuta y sube al palco escénico para cantar con no poco dramatismo un aria de «Macbeth», de Giuseppe Verdi, ópera que a nadie habrá escapado fuera concebida unos sesenta años después del estreno en Viena del singspiel de Mozart, o el momento en que todos los participantes del elenco interpretan un fragmento de un «musical» de Broadway con todas las de la ley.
• Duelo de voces
Un cuadrilátero ubicado a tiempo en el centro del escenario dejó que las dos sopranos (las brillantes, musicales, jóvenes y de voces frescas y afinadas Natasha Tupin y Soledad de la Rosa) rivalizaran en infernales coloraturas interpretando a dúo una de las dos arias de la Reina de la Noche de «La Flauta Mágica», también de Mozart y ahí no terminan los despropósitos de esta suerte de «music hall», varieté, sainete o como quiera denominarse a esta relectura de «Schauspieldirektor».
Un reparto eficaz reunió además de las «divas» vernáculas Tupin y De la Rosa a actores y cantantes ( Sebastiano De Filippi, Norberto Lara, Maximiliano Accavallo, Gabriel Rosas y hasta la roquera Divina Gloria). Es muy probable que esta versión del trabajo de Mozart, cruzado aquí y allá por su genialidad y el refinamiento pícaro vienés, pueda despertar horror en los puristas, aunque lo cierto es que los asistentes a la representación rieron con ganas y aplaudieron con ímpetu los desplantes en forma de rondó de estas desmesuradas divas operísticas.


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