Pese a la crisis, se busca mejorar las explotaciones
El nuevo ambiente que se perfila para los negocios agroalimentarios ofrece un sinnúmero de oportunidades para las organizaciones con capacidad de ver los cambios que modifican.
La buena organización permite hacer rendir al máximo los recursos disponibles, particularmente el tiempo y el trabajo de los empleados y del empresario. En este aspecto, existen herramientas simples y muy efectivas como los cronogramas de trabajo, planes preventivos, y tableros de control estratégico, que nos habilitan para sentir «el pulso» del funcionamiento de la empresa permanentemente.
La segunda es bastante más peligrosa, porque después de muchos años de asesoramiento gratuito por parte del INTA o de las jornadas de presentación de híbridos o herbicidas o lo que sea con charla técnica, asadito o choripán y la consecuente entrega de folleto y gorrito con logo de la empresa, el productor se ha ido acostumbrando a que la capacitación debe ser gratuita. Algo así como un derecho adquirido. ¿Y si nadie me regala lo que me hace falta para ser competitivo, qué hago? ¿Pago por los conocimientos o me fundo?
La respuesta está a la orden del día con todos los profesionales que se quedan sin trabajo y los productores endeudados hasta el remate de sus bienes. No tienen que caber dudas, estamos compitiendo contra el Primer Mundo, y este partido exige ser profesionales en todo sentido.
¿Qué sentido tiene invertir miles de pesos en semillas, máquinas y agroquímicos si no invertimos algo en nosotros mismos? Las máquinas son necesarias, pero lamentablemente no piensan solas (todavía). Calcule cuánto gastó en su propia capacitación y en el aumento de su capacidad para gerenciar su empresa.
La solidez financiera significa básicamente tener control de la empresa mediante el buen manejo de los recursos financieros -dinero, stock de granos, hacienda, depósitos bancarios, etc.- de la misma, de modo tal que el empresario tenga autonomía para tomar las decisiones de compra o venta que más le convengan al desarrollo de sus negocios. Este aspecto no implica necesariamente no tener deudas, pero si las deudas existen, deben estar acotadas y bajo un control estricto para que la empresa no quede ahorcada entre las manos de los acreedores.
En la medida en que las empresas se van haciendo más competitivas y eficientes, crecen, sea tanto en forma individual o asociativa.
A partir de un aumento de tamaño crece el volumen de las operaciones comerciales, tanto para la compra de insumos como para la venta de productos, y en ambos casos aumenta la capacidad negociadora de la empresa que intenta pagar menos los insumos y pagar menos comisiones o lograr mayores bonificaciones en la venta de su producción.
Cuando estos dos aspectos han llegado al límite, un camino alternativo pasa por la integración vertical, esto es, autoabastecerse de insumos o servicios contratados como las fumigaciones, o la provisión de semi-llas mediante contratos de multiplicación con algún semillero, o desarrollar el acopio de la producción, fletes, etcétera.
Los líderes que sepan cómo llevar adelante esas organizaciones asociadas van a emerger como los empresarios exitosos de la próxima década.
Estas empresas van a renovar continuamente su compromiso con el ambiente y la seguridad en los alimentos, y van a entender que ser responsables es buen negocio.
Las divisiones tradicionales entre proveedores de insumos - productores e industria van a ir tendiendo a desaparecer frente a las fusiones y los convenios entre empresas de diferentes áreas.
El énfasis del pasado en lograr la mayor productividad de los recursos humanos se hará cada vez más importante con el paso de los años si se quiere manejar empresas rentables.
El punto de partida es entender que el nuevo ambiente que se perfila para los negocios del área agroalimentaria ofrece un sinnúmero de oportunidades para las organizaciones con capacidad de ver, entender y capitalizar los inevitables cambios que están remodelando a nuestro sector. Este párrafo es categórico en cuanto a las líneas de trabajo que deberemos considerar si queremos incluirnos en la actividad agropecuaria en este siglo que recién empieza.
El resultado final es que nos vamos debilitando y perdemos nuestra capacidad de reacción.
Aplicar un cambio también es una forma de aprendizaje y es muy probable que cometamos algún error, con lo cual lo más saludable es que podamos contar con algún «resto» económico para seguir aprendiendo y poner a punto las nuevas ideas o formas de trabajo que el nuevo ambiente requerirá de nosotros.
Nuestro ambiente empresario está cambiando vertiginosamente y nuestras empresas enfrentan el desafío de entender claramente el rumbo que toman los negocios, dejando atrás los hábitos que hoy nos quitan capacidad de competir y aprendiendo aquellos que nos preparan para el nuevo hábitat.
¿Qué rumbo tomaremos?, ¿el de los fósiles que dan testimonio de que no supieron adaptarse o el de las empresas en cambio y evolución constante que siguen floreciendo y multiplicándose como muestra de éxito y adaptabilidad?
Cada uno tiene su respuesta.

