11 de octubre 2007 - 00:00

Preocupa retraso de Argentina en cadena de carne

Seguramente, en el rankingde los desaciertos cometidos en políticas agropecuarias nuestro sector ganadero está en primer lugar con creces. No significa que aceptemos esto y sigamos perdiendo por «knock out», cuando todos los otros países avanzan. Menos nosotros. ¿Por qué tanta impericia?

Aprender de los errores cometidos es un axioma, que lamentablemente no se cumple con nuestra actividad; aunque parezca mentira, se insiste en más de lo mismo. Evidentemente, con los mismos o con peores resultados.

Pretender atender la demanda, atentando contra los que hacen la oferta, no resiste análisis posible; es, más que un capricho, un total desconocimiento de los ciclos biológicos.

Llevar un bife al plato del consumidor en un manejo eficiente desde la concepción en el vientre materno a faena tarda no menos de tres años.

Hipotecar su futuro basta un segundo con absurdos decretos, resoluciones y medidas equivocadas. Todos sabemos en el campo que si a un animal le pego continuamente no obtendré nada bueno de él y no me llevará a ningún lado. Esto es imperioso conocerlo en la ciudad, puesto que si en los despachos se siguen equivocando tan feo, lo único que se logrará es seguir acelerando el proceso de liquidación ganadera, donde la faena de hembras supero con creces el umbral de 48%. Otro récord siniestro.

A la oferta se la debe seducir, no agredir. Es de vuelo muy corto pensar en una coyuntura eleccionaria. Es vital actuar como estadistas, pensar y programar para generaciones futuras. Esos son deberes del Estado.

¿Saben por qué los otros pueden y no nosotros? Muy sencillo. Se piensa y se obra en consecuencia. No como acá, que se ladra y después veo cómo sigue, o adónde llevo el perro.

Los que sentimos el trabajoy llevamos encima la cultura del esfuerzo, tratamos de resistir, pero es evidente que cada día nos cuesta más que nos acompañe nuestra familia en esta cruzada.

¿Hasta cuándo podremos aguantar que nos digan en nuestra casa permanentemente que cambiemos de actividad? Basta de palos. Como decíamos anteriormente, todavía tenemos como consigna que la esperanzaes una planta perenne, aunque nos la quieran dejar con pocas hojas y marchitas. Seguiremos en nuestra tarea. Sólo pedimos que se reflexione a tiempo.

No todo está perdido. Pero ya no hay más resto para seguir retrocediendo. Si inversores extranjeros vinieron a la Argentina a comprar importantes plantas frigoríficas, si el mundo cada día requiere más carne vacuna, ¿cómo es posible que siga habiendo tantos miopes causando tanto daño no sólo a nuestro sector, sino también a todo el país?

  • Respetar los mercados

    A no engañarse, de las crisis se sale diciendo la verdad, no inventando o fraguando índices. Conocido esto. Se deben respetar los mercados. Abrirlos y buscar distintas alternativas es generar nuevos puestos de trabajo; éste se gana, no se regala. Fijar precios máximos y reimplantar el apriete telefónico es tan cortoplacista, que hasta los mismos que lo generaron van a sufrir las consecuencias.

    El mercado y, consecuentemente, el precio se modifican, aumentando la producción. Acompañando a la demanda y no regulando una u otra. El mercado es sabio. Torpe es el que no lo comprende o atenta contra la ley universal del equilibrio entre la oferta y demanda que formará el justo precio. Hay que tener presente que es el consumidor quien decide. Intentarlo el Estado no sólo es demagógico, es inútil e iconducente. Para ello hay que ser creíble, previsible, reglas de juego claras, políticas proactivas, poner en marcha en serio al país. Brasil, Uruguay, Paraguay lo han hecho, en el Mercosur. Si vamos lejos, podemos comprobar que China está a punto de dar un salto importante y empezar a ser exportador de carne vacuna. Mientras tanto, nosotros con cupos, precios máximos, aprietes, ROE, retenciones y compensaciones odiosas que omiten la fortaleza del sistema pastoril argentino.

    No sólo basta tener la mejor genética bovina del mundo, ser libres de BSE y tener una situación controlada en materia sanitaria con plantas frigoríficas adecuadas a las mayores exigencias internacionales. Es deber que todas estas fortalezas tengan la gente que las comprenda y actúen en consecuencia.
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