Prohibir venta de tierra es un camino equivocado
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Esta es una forma adicional de empobrecer el país, igual que hace algunos meses se pretendía grabar con más retenciones (impuestos para vender a otros países) a las exportaciones de soja para evitar la «sojización».
Por suerte, ahora el gobierno aprobó, hace pocos días, la comercialización de maíz transgénico (RR); ésta es la forma eficaz de evitar la «sojización» y resolver un problema, que para algunos era de vida o muerte y que para otros más sensatos sólo se trataba de una cuestión coyuntural, dada una importante sequía en EE.UU. La aprobación de la comercialización del maíz RR se demoró casi 6 años, pero salió. Ya está y contribuirá a una nueva revolución de la producción granaria que trascenderá las pampas. Este es un ejemplo de una solución creativa y eficaz.
El futuro de la Argentina no solamente está en los granos y en la Pampa Húmeda; también está en la forestación y en la fruticultura, actividades que se realizan en el resto de las regiones. El Senado de la Nación aprobó en diciembre del año pasado, a instancias del entonces senador Gioja y la labor parlamentaria destacada de la senadora Escudero y la senadora Martín, un proyecto que evita estas incongruencias al menos parcialmente, como es esto de prohibir la venta de tierras. Se trata de un proyecto que crea un nuevo derecho real a pesar de que el mismo, como figura jurídica, ya existe desde el año 2001. La creación del derecho real de superficie forestal y frutícola es una manera eficaz de promover inversiones sin vender tierras y mucho menos sin la necesidad de prohibir esa venta.
Con el derecho real de superficie, tanto forestal como frutícola, cualquier extranjero puede realizar inversiones en estas actividades sin necesidad de comprar tierras, y tendrá la seguridad jurídica sobre la propiedad de las plantaciones. De esta manera, los inversores tienen menos costos de inversión y están invitados a trabajar para y por la Argentina.
Se pueden incorporar miles de hectáreas de tierras al proceso productivo; se puede realizar la reconversión de otros miles de hectáreas de cultivos existentes, todo esto sin necesidad de crear obras de infraestructura nuevas que cuestan miles de millones, ni de realizar reformas agrarias o iniciar otra campaña de desierto».
(*) Ex subsecretario de Agricultura de la Nación



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