4 de noviembre 2004 - 00:00

Promisorio futuro para inversiones en tierra

La anómala situación que atraviesa el mercado de campos, que ha llevado a ciertas definiciones que no comparto, me conducen a desear expresar mi opinión personal y creencias al respecto. Me baso en mis 30 años de operar en ese mercado, los 10 últimos en Bullrich Campos SA y mis 59 años de trabajar junto al agro dentro del Grupo Bullrich. Para mayor claridad y síntesis dividiré el tema en tres partes: el mercado, la oferta y la demanda, y las perspectivas futuras.

Sobre el mercado actual considero que las pocas operaciones realizadas en los últimos 60 a 90 días no permiten definir porcentajes de suba o baja, ni tampoco tendencias
. El mercado está expectante en sus dos puntas. No puedo decir que está parado, ya que como quedará claro al referirme a la oferta y la a demanda, hay actividad pero prácticamente sin concreción de operaciones.

Respecto de la oferta y la demanda nos encontramos con un ofrecimiento sumamente restringido, debido a los valores de la tierra de los últimos meses, pese a la baja de los cereales, el negocio sigue siendo rentable
. En el sector ganadero también lo es y se prevé una suba de precios. En el lechero, la situación es similar con exportaciones récord. Si a ello le agregamos que, prácticamente, no existen productores con situaciones económicas pesadas, nos encontramos con que las consultas por ventas son mayoritariamente de propietarios que consideran que la tierra ha llegado a valores máximos y piensan en vender, para volver a posicionarse si sus predicciones son acertadas. Sólo son potenciales vendedores a valores máximos, y por lo tanto «poco vendedores».

Respecto de la demanda, los potenciales inversores están a la espera de redefiniciones más políticas que económicas y tratan de visualizar cuál será el nivel en el que el mercado en algún momento se definirá. Los comentarios sobre el mercado tampoco los ayudan a definirse
.

Los principales inversores que, durante el año pasado y el primer semestre de éste, eran quienes habían hecho grandes utilidades con siembras de soja, hoy están más tranquilos. Los reemplazan inversores, en su gran mayoría se trata de argentinos, que buscan asegurar su patrimonio con una razonable potencial utilidad.

No obstante, si debo definirme sobre quién está más activo, claramente lo es la demanda, pero ella pretende actuar en un nuevo nivel de precios, no encontrando respuesta alguna a sus pretensiones.

Los campos agrícolas están todavía menos ofrecidos que los ganaderos. Si es demostrativa de ello el suplemento Campos de los sábados de «La Nación», la oferta es de gran pobreza, repetitiva y casi inexistente en campos agrícolas de la zona núcleo.

Todo lo que antecede, nos lleva a mi comentario sobre el mercado definido más arriba. Respecto de las perspectivas futuras, quiero dejar claro que me refiero a las de largo plazo o, cuanto menos, medianas. Las inversiones en campos deben tomarse como productivas y/o en defensa del patrimonio. Las de corto plazo tienen carácter especulativo y no las considero representativas del mercado. Debido a ello no tomo en cuenta las oscilaciones diarias de los mercados, incluido Chicago, como tampoco las diarias del Mercado de Liniers. Sí tomo en cuenta los períodos largos.

• Costos

Por ejemplo, la soja hoy se sigue estando en valores iguales o superiores al promedio de los últimos cinco años. Los costos de producción son sensiblemente más bajos. Las exportaciones de carne y de leche, con cifras récord con respecto a muchos años. La demanda mundial de alimentos, en sus niveles máximos. La capacidad de elaboración de grano de soja de China, muy superior a su posibilidad de producción, y por lo tanto su presencia en el mercado asegurada. La tendencia de los subsidios mundiales con posibilidad de ir disminuyendo. Nuestras retenciones, quiero creer que no serán eternas, y con respecto a las presagiadas sobre las carnes espero que la lógica prime sobre las necesidades inmediatas de nuestra voracidad fiscal.

Pero, por sobre todo esto tomo, el resultado de un estudio que hemos hecho en Bullrich Campos sobre el valor de la tierra en 50 años, transformando todo a dólares de hoy, para lo que los ajustamos con la inflación americana, y que nos dice que
el precio de los campos agrícolas y ganaderos ha aumentado cerca de 3% anual de promedio en dólares constantes y, hasta los argentinos de peor memoria (y los hay muchos) acordarán conmigo, que hemos tenido largos períodos peores que los actuales en los últimos 50 años, por lo que debo creer que esta tendencia debe seguir.

Es por todo ello que, tomando largos períodos, veo un futuro promisorio para las inversiones en tierras en la Argentina.

En el corto y mediano plazo, es posible que los campos ganaderos tengan un mejor techo que los agrícolas si es que los cereales no recuperan valor y la carne llega a costar, no bien se abran los mercado de Estados Unidos, Canadá y Oriente,
alrededor de un dólar el kilo en pie, como vale hoy en el Uruguay y me olvido de los 2 dólares que vale en muchos países del mundo.

No olvidemos que el precio de un dólar es 40% más que los u$s 0,70 a los que a duras penas llegamos hoy, por lo que aún si no podemos convencer al Estado de que hay mejores caminos para mantener la carne sin subas en la góndola, que disminuir la producción aplicando retenciones, también el sector ganadero tiene muy buenas perspectivas, así como la agricultura
.

El mundo demandará más y mejores alimentos en el futuro.

Ningún país que mejoró su nivel de alimentación recorrerá después el camino inverso. No tomo los remanidos argumentos del aumento vegetativo de la población mundial, ni los aumentos de producción por tecnología y/o investigación científica que avanzan, día a día, para fundamentar mi posición.

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