Una propuesta con el fin de colaborar con la FAO en la lucha contra el hambre en el mundo fue presentada por Jesús Leguiza, secretario ejecutivo de la fundación Federar, aprovechando la visita del director general de la FAO, Jacques Diouf.
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La soja es un cultivo milenario originario del Lejano Oriente que ha proliferado por todos los continentes. En América, los principales productores y exportadores son Estados Unidos, Brasil y la Argentina. Este último es el principal exportador mundial de aceites y subproductos. La mayor utilización de los granos se destina a la alimentación animal. Sin embargo, hoy en día, la soja empezó a llamar la atención de los nutricionistas para complementar la alimentación humana.
Aquí, en la Argentina, se ha logrado una trascendente innovación tecnológica; por iniciativa privada se creó un procedimiento único de tostificación del grano de soja que permite que el mismo mantenga 100% de las proteínas originales, es decir, hasta 40%. El grano de soja, previo al consumo, debe ser cocido para eliminar el exceso de actividad ureácica y la antitripsina, que es una enzima inhibitoria de la tripsina, la cual es generada por el organismo para permitir la absorción de las proteínas. Además, las proteínas de la soja son solubles en agua, lo cual implica que los procedimientos habituales para su « desactivación», la cocción, ocasionan la pérdida de la mayor parte o casi la totalidad de las mismas.
El procedimiento industrial, creado por Juan Sirne, quien cuenta con el apoyo de Federar, permite la elaboración de granos de soja tostados (enteros, triturados y en harinas). La característica distintiva es haber logrado un producto integral y precocido, que puede ser consumido directamente. Este producto innovador constituye una base ideal para la provisión de alimentos a gran escala y con el menor costo, incluso minimiza los gastos de transporte y de cocción de los alimentos; es ideal para las zonas de muchas necesidades y escasez de energía para cocinar, es decir leña.
Leguiza ofreció la tecnología innovadora a la FAO para ayudar a combatir el hambre y, por sobre todo, la desnutrición en el mundo. Es importante destacar que «el hambre se combate con hidratos de carbono y la desnutrición con proteínas». «Esta tecnología permitirá, por ejemplo, que el plan Hambre Cero de Brasil tenga verdadera consistencia técnica y factibilidad económica. Lo mismo se podrá realizar en innumerables países a través del Plan Alimentario Mundial que administra su organización», dijo.
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