Un Estado agrícola impulsa producción
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Es notable el aumento de la producción de Brasil en los últimos años, al punto de haberse transformado en una potencia agraria mundial. Como consecuencia de ello, en la actualidad, las exportaciones representan cerca de 40% de sus ventas totales al exterior y el sector agroindustrial constituye una de las áreas más competitivas de su economía.
La producción anual de granos brasileña alcanza, aproximadamente, los 120 millones de toneladas, un nivel muy superior a los 70 millones de la Argentina. Y, si bien este importante volumen está dado por la soja, la realidad es que Brasil ya ha logrado el autoabastecimiento de maíz, del cual era un importador tradicional. Sólo la producción de trigo registra un déficit crónico, a causa de las exigencias climáticas de ese cultivo de zona templada, que existe casi exclusivamente en el estado de Rio Grande do Sul. Pero, aun así, cada año depende menos de la importación de trigo argentino. En materia de azúcar, está entre los principales productores y exportadores del mundo.
Resulta patética la diferencia entre Brasil y la Argentina en materia de carnes vacunas. No hace muchos años, Brasil era un gran importador y hoy produce el triple que la Argentina; y como exportador tiene el tercer lugar del mundo, detrás de Australia y Estados Unidos.
A diferencia de la Argentina, Brasil no aplica ni ha aplicado nunca impuestos a sus exportaciones; un hecho que resulta de una importancia relevante para el aumento de la producción. No se ha visto tentado con políticas de reducción de precios, implementadas mediante la recaudación fiscal a partir de distorsivos mecanismos de derechos de exportación que, si bien pueden tener un fuerte componente progresivo en la distribución del ingreso, a la postre suelen actuar como un bumerán para la economía. En la Argentina, el bumerán no se percibe debidamente en toda su magnitud, gracias a las extraordinarias ventajas comparativas y competitivas desarrolladas por el mismo sector.
Es necesario admitir que Brasil posee una fuerte conciencia exportadora en fuerte contraste con la cultura dirigencial argentina que tradicionalmente busca la obtención de fondos para las arcas fiscales mediante gravámenes a la exportación.



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