Urge revisar el sistema de impuestos al campo

Campo

En el Ministerio de Economía se piensa que las exportaciones son la causa del aumento del precio de la carne, los lácteos y también de otros productos. Sin embargo, las presiones inflacionarias están presentes desde la devaluación de 2002. Ahora, con la política de tipo de cambio alto, se inyecta más presión inflacionaria al sistema económico.

Antes de enero de 2002 era evidente el desajuste del tipo de cambio. Entonces se decía que la economía argentina tenía salarios muy altos en dólares y que Buenos Aires era una de las ciudades más caras del mundo. La opción era la flexibilización laboral y la deflación en el marco de la convertibilidad o la devaluación e inflación fuera de ella (el cambio de modelo). Era manifiesta y urgente una alteración en los precios relativos. La misma convertibilidad, por otra parte, era insostenible por los déficit fiscales y la financiación con deuda pública.

• Desconocimiento

En estos tiempos se escucha con frecuencia la siguiente frase: "El modelo cambió y ahora estamos a favor de lo productivo", aludiendo a esto último como algo incompatible con lo financiero. Esta es una creencia que delata un marcado desconocimiento de los conceptos económicos más elementales. Es un eslogan o cliché instalado en el inconsciente colectivo por la propaganda política para que los culpables fueran los bancos. En realidad, estas cuestiones, lo productivo y lo financiero, son dos caras de una misma moneda: la economía real y la economía monetaria. En la jerga cotidiana se interpreta lo productivo como lo bueno y lo financiero como lo malo o lo no productivo. Otro de los grandes y falsos dilemas de muchos argentinos, disyuntiva superada en el siglo XVI, desde la Época de Martín Lutero.

En la economía, tanto real como monetaria, existen siete u ocho precios relevantes, los cuales tan bien son indicadores de la marcha o evolución de aquélla. El vínculo entre ambas caras es la tasa de interés y constituye el precio del ahorro y de los préstamos. Los otros precios son:

a) el salario, precio del trabajo;

b) el beneficio, precio del capital físico, las inversiones;

c) el precio de vivir en sociedad con un Estado administrador son los impuestos;

d) las tarifas son el precio de los servicios públicos;

e) el tipo de cambio es el precio de la divisa o moneda extranjera; y,

f) los precios de los bienes y servicios. Cuando éstos últimos aumentan de manera generalizada y sostenida reciben la denominación de inflación. De eso los argentinos sabemos mucho, como también sabemos que todos estos precios mencionados, a mediano y largo plazo, siempre van de la mano.
Desde enero de 2002 el tipo de cambio creció 190% y el gobierno insiste en mantener el dólar en los $ 3, lo que equivale a 200% de crecimiento desde que se abandonó la convertibilidad. La remuneración bruta promedio, o sea los salarios, creció entre esa misma fecha y mayo próximo pasado 40%. La inflación interna medida por precios mayoristas ha sido de 133% y los precios al consumidor crecieron en 61%, ambos al mes de junio de este aÒo. El crecimiento de los precios mayoristas están a unos 60 puntos por debajo del crecimiento del valor del dÛlar, pero los salarios están todavía muy atrasados.

El salario no se ajustó por la flexibilización laboral, se ajustó por la brutal devaluación y los aumentos de precios mayoristas. Las actividades que exportan se recuperaron rápidamente, porque sus ingresos crecieron 190% -menos las retenciones en algunos casos- y los salarios que pagaron crecieron sólo 40%. Con la devaluación y con la inflación ocurrida hasta ahora ya se provocó el cambio en los precios relativos; el salario ya quedó atrás, pero muy atrás. ¿Para qué más? ¿Para qué generar más presión inflacionaria, equivalente a casi 60 puntos, que es la diferencia entre el crecimiento del dólar y la inflación interna mayorista acumulada? El desafío, y no menor, es: ¿Cómo lograr que los asalariados recuperen los ingresos que les fueron birlados con el "impuesto devaluatorio desmedido"?.

Los acuerdos de precios con empresarios, las retenciones o el control de los salarios no solucionaron el problema de los precios internos.
Por ejemplo, en la industria láctea existen empresas que abastecen al mercado interno con mayor preponderancia y otras que destinan gran parte de la producción a los atractivos mercados externos. En realidad, lo atractivo de comprar en la Argentina es el alto valor del adular. Este es el principal imán que atrae a turistas y a importadores de todas las latitudes. No es un problema de exportadores ventajeros o de sindicalistas que recién se despiertan. El problema actual tiene una doble faceta: por un lado se genera presión interna en los costos y la devaluación induce a aumentos de salarios y tarifas; por otro lado, se genera presión externa en la cantidad de demanda debido al dólar artificialmente alto. Una manera de bajar ambas presiones, tanto interna como externa, es dejar flotar el dólar en el mercado libre.

• Incongruencias

Las empresas que exportan pueden absorber los aumentos de costos sin problemas, tienen margen y las empresas que no exportan tienen que trasladar los aumentos de costos a los precios. ¿Se impondrán retenciones a los productos que no se exportan? Si el valor del dólar actual fuera el doble o el triple, entonces habría más actividades o productos competitivos. ¿Es posible, es razonable? Es necesario revisar las incongruencias del modelo del dólar alto con retenciones e inflación inducida. Fue válido para un período, pero ya no es más. Se está frente a un nuevo capricho, a una nueva convertibilidad de 3 a 1. El BCRA, cuya función específica es cuidar el valor de la moneda, programa y provoca la inflación con anticipación de un mes, otra tremenda inconsistencia.

Dejá tu comentario