Urgen políticas de acción para el sector agropecuario
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Retenciones
En este sentido, es fundamental que se dejen atrás viejos fantasmas, como los de las retenciones a las exportaciones, que durante 30 años frenaron al campo y cuya eliminación generó el despegue de nuestra agricultura en la última década. Un despegue no menor, de 40 millones de toneladas a casi 70 millones de toneladas de granos y otros productos.
Por ello, quiero destacar que el gobierno debe mantener los planes de competitividad, cumplir con las leyes especiales (forestal, pesca, lanas, etc.) y generar nuevas herramientas que sustenten el crecimiento del sector para rápida reactivación de la economía. También, por este motivo, considero muy importante el rol del Instituto Nacional de Semillas (ahora Dirección, INASE), el SENASA y el INTA como garantes de una política sanitaria y de la investigación científica y biotecnológica, todos acordes con las demandas de los mercados más exigentes.
La reaparición de la aftosa, que fue un duro golpe para nuestro sistema sanitario y para el sector de ganados y carnes, nos hizo retroceder a los peores años de la ganadería argentina. La sanidad animal debe ser una prioridad, pero no la única. En los últimos trimestres de 2001, se ha trabajado duro para revertir esta situación, pero en 2002 se deben multiplicar los esfuerzos para la erradicación definitiva de los focos. El esfuerzo debe ser de todos, los productores y el Estado. De nada sirven las políticas de la chequera fácil. Este tema, el de la aftosa, se debe resolver cuanto antes para recuperar los mercados perdidos. La sanidad vegetal también es fundamental, no se pueden ocultar los problemas sanitarios, se pierden mercados y, lo que es peor, se pierde confianza y credibilidad en el mundo.
Mientras se trabaja como un bombero para resolver los problemas de corto plazo, se debe, además, elaborar un plan de acción a 2 años y pergeñar un plan estratégico internacional de largo plazo que ofrezca políticas seguras para el agro y la industria vinculada. Estas políticas serán la base para una nueva «revolución del agro»; sólo así, sin voluntarismos vacíos, el país podrá crecer en forma sustentable en lo productivo y agregando valor en lo industrial.
Rol esencial
Pensemos qué distinta sería la realidad del país si el campo pudiera superar los 9.000 millones de exportaciones en productos agroalimentarios que se generaron en 2001, y que constituye uno de los principales aportes de divisas genuinas al país. Debemos estar convencidos de que ante la disminución de inversiones directas del exterior, el rol de la exportación será esencial.
Debemos generar las políticas que promuevan tanto la producción como la exportación, de productos primarios y elaborados, que faciliten la inversión en investigación, tecnología e infraestructura y que logren un marco de estabilidad y previsibilidad para el desarrollo de la actividad; sólo así podremos cambiar el rumbo de nuestro país y volver a instalar la esperanza en un futuro próspero para el campo argentino.
Es condición necesaria que la conducción pública agropecuaria tenga una clara visón estratégica, un conocimiento sistémico de las cadenas de valor, que se inspire en el interés general, que pueda observar los hechos sin mezquindades subsectoriales, que sepa ver los cambios globales e institucionales, que razone como un científico y que sea sagaz como un buen político y actuar rápido en la micro para aprovechar las oportunidades comerciales, tanto para los productos pampeanos, como los ofrecidos por las economías regionales.
Y es condición suficiente reconocer que el campo es patrimonio nacional y sólo se defiende con firmeza para no abandonar el principios básico que lo sustenta: de libertad de mercados, sin regulaciones caprichosas, arbitrarias.
La excepción está en mantener o ampliar las políticas «activas» de ayuda al pequeño productor en situación de pobreza, principalmente del NEA, NOA y la Patagonia.



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