Buscando su mejor funcionamiento, River se encontró con la contundencia de su ataque. No jugó bien, pero ganó con amplitud y claridad, aprovechando las intermitencias de sus mediocampistas y la potencia de sus atacantes, que no necesariamente fueron sus delanteros.
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Colón planteó un partido de igual a igual y tuvo quizá más la pelota en su poder que su rival, pero no pudo aprovechar las situaciones favorables, a pesar de las notorias fallas defensivas de River.
En un partido que se presentaba parejo y de «ida y vuelta», River aprovechó primero un desajuste defensivo en un centro y después un gran desborde por derecha de Montenegro para sacar dos goles de diferencia. Después perdió el control de la pelota en la mitad de la cancha y entonces retrasó sus líneas en búsqueda del contraataque. Colón la empezó a manejar con la habilidad intermitente de Giovanni Hernández y la prolijidad sin velocidad de Ivan Moreno y Fabianesi, por lo que se convirtió en un equipo «previsible» que siempre terminaba en centros buscando la cabeza de Fuertes.
El nivel del partido bajó hasta la categoría de discreto porque se veía impotencia en el ataque de Colón y falta de claridad en el contraataque de River hasta que Astrada hizo ingresar a Sand por Montenegro, poniendo un delantero de área que acompañara a Cavenaghi. De jugadas de Sand nacieron los dos últimos goles de River -convertidos por Cavenaghi-y Colón sólo pudo descontar en una jugada insólita donde Virviescas rechazó sobre el cuerpo de Fuertes y el rebote en éste elevó la pelota por sobre Costanzo, que estaba adelantado.
River no mostró ni fútbol fluido ni un trabajotáctico convincente; sin embargo, ganó 4 a 1 porque la calidad de sus individualidades fue superior. Si quiere seguir en búsqueda del título debe mejorar mucho, aunque con resultados favorables como el de ayer va a ser más fácil.
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