26 de abril 2001 - 00:00

Argentina recuperó su altura cuando el partido languidecía

Argentina recuperó su altura cuando el partido languidecía
Todavía hay quien dice que este tema de la altura es un mito. Basta con haber ido alguna vez para darse cuenta de los problemas que trae pisar el suelo de La Paz. No sólo se notan cambios sustanciales en el aspecto físico (por ejemplo, cualquier intento de movilidad que no sea lenta), sino también en los elementos externos que necesita un jugador para tener un correcto desempeño (ejemplo, el comportamiento de la pelota).

Los médicos dicen que hay dos maneras de contrarrestar esos efectos: llegando horas antes o realizando una adaptación no inferior a quince días. Esta afirmación -de por sí- señala taxativamente que las condiciones de juego cambian y, lo que es peor, inciden muchas veces en el resultado, sin tener en cuenta, en este caso, el empate final.

En el país se tomó como un chiste aquella frase de Passarella de que «le pelota no dobla». Basta con preguntarse cómo hizo el débil fútbol boliviano para clasificarse para el Mundial de Estados Unidos. Simple: ganó todos sus partidos en la altura de La Paz.

Esta larga dialéctica viene a cuento sólo para darle una explicación al partido, a la exasperante lentitud de la Argentina (hacer lo contrario era como un suicidio), a la actitud de los jugadores, que se quedaban siempre entre defensa y ataque, sin decidirse a salir con seguridad a una marca, y a esas posibilidades que creó Bolivia con el simple argumento de enviar pelotas cruzadas o con remates de media distancia.

Bielsa, seguramente -aunque nunca se sabe lo que dice ni lo que hace-, habrá enfatizado que había que jugar parado, sin correr demasiado. En realidad, hacer correr la pelota y tratar de presionar (en lo posible, porque nunca lo consiguieron) sobre la salida de los zagueros bolivianos.

En ese esquema de pelota en los pies de los bolivianos, Ayala pareció el más firme, porque Samuel y Sorín no podían con el escurridizo Gatti Ribeiro y tampoco el tándem que formaban Vivas-Zanetti no encontraba la pelota cuando Baldivieso se recostaba sobre la izquierda. Ni Simeone era el mismo, ni Verón tenía la dinámica de otras veces; tampoco Aimar encontraba «su» lugar en la cancha, y menos Gustavo López (ahogado) podía imponer algo de su individualidad.

A paso lento, por momentos lentísimo, sin la rotación y dinámica que tiene este equipo de Bielsa y esa velocidad característica cuando gana líneas ofensivas, sea a un toque o dos (como mucho). No se le podía pedir a Crespo que resolviera todo en ataque, cuando no tenía pique para encarar. Decir que lo mejor de la Argentina era Burgos habla a las claras de su propia impotencia. El arquero cometió algún error, pero sacó, por lo menos, tres pelotas de gol, que pudieron ser catástrofe.

Al retroceder Simeone, Sorín y Verón, a Aimar (y, luego, Gallardo) le quedaban cuatro hombres de marca encima. Es posible que los goles de Bolivia a través de Paz, Colque y Bottero hayan contado con alguna deficiencia defensiva. También lo es el hecho -en este tema altura-de que todos no responden de la misma manera, y hasta algunos quedan como pegados al piso dando ventajas impensadas.

Argentina -casi al borde de la derrota-siguió igual. Esperando su tiempo para prosperar en el campo, tratando de fabricar algún hueco para el re-mate, pero pocas veces regalando la pelota en inconsistentes remates aéreos. Si se perdía, era por imprecisión, pero nunca por no tratar de poner la pelota en el piso y juntarse para escalonarse con algún toque corto.

En esos minutos en que todo molesta y lastima (amarillas a Samuel, Simeone y Vivas), la Argentina encontró su «premio a la paciencia». Un remate desde fuera del área de Crespo fue viboreando y hasta engañó al propio Fernández (acostumbrado al altiplano), cuando faltaba un minuto para el tiempo reglamentario. Dos minutos después (en el descuento), la Selección se jugó la última ficha al ataque. Verón mandó una pelota al área, pegó en Samuel y quedó en los pies de Sorín. Remate fuerte, seco, alto y empate.
Un punto que tiene mucho valor, también en lo anímico.

Bolivia:
J. Fernández; J. Peña; Sandy y J. Paz García; Gatti Ribeiro y Percy Colque; Baldivieso, Justiniano y Vaca; Paz y Botero. DT: Aragonés.

Argentina:
Burgos; R. Ayala; Vivas y Samuel; Zanetti, Simeone, Sorín y Verón; G. López, Crespo y Aimar. DT: Bielsa.

Goles:
PT 40m Líder Paz (B); 43m Crespo (A); ST 10m Colque (B), 35m Botero (B); 43m Crespo (A) y 46m Sorín (A).

Cambios: ST C. López por G. López (A); 12m Gallardo por Aimar (A); 14m R. Rojas por Vaca (B); 17m Ortega por Zanetti (A) y 29m Cárdenas por Líder Paz (B).

Estadio: Hernando Siles, de La Paz.

Arbitro: Oscar Ruiz (Colombia).

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