La copa manchada: reavivan sospechas sobre el Mundial 78

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Una de las figuras de Holanda, subcampeón del mundo en aquella ocasión aseguró que Argentina debía ser campeón "por las buenas o por las malas".

René van der Kerkhof, figura del seleccionado de fútbol de Holanda en la década del 70, denunció que en el Mundial 78 disputado en Argentina muchas circunstancias se armaron para favorecer la consagración del anfitrión.

"Todo el mundo nos decía que Argentina debía ser el campeón del mundo por las buenas o por las malas. Los siguientes partidos (tras la primera fase, Ndr) deberían haberse jugado en el mismo horario... El que Brasil le ganó a Polonia por 3-1 y el (6-0) de Argentina con Perú", detalló.

En diálogo con la agencia estatal Télam, Van der Kerkhof continuó: "Argentina jugó dos horas más tarde y la FIFA tenía miedo de dar marcha atrás con esto. Debía ganarle a Perú por al menos cuatro goles de diferencia y al final ganó 6-0 y pudo avanzar a la final".

Mucho se habló y aún hoy se sigue hablando sobre el resultado de aquel partido, uno de los partidos más sospechados de la historia de los Mundiales, y de las presiones efectuadas por la dictadura que gobernaba por entonces en Argentina (1976-83).

Eran años de plomo en este país que aprovechó el Mundial para intentar "lavar" su imagen mientras se sucedían las denuncias sobre secuestro, torturas y desaparición sistemática de militantes, sindicalistas, estudiantes y familiares.

Fue sólo con el regreso de la democracia que se conoció la verdadera dimensión del horror, cuando un informe del la Conadep sentó las bases para el histórico juicio a las Juntas militares, responsables de la desaparición de 30.000 personas.

Van der Kerkhof asumió que, a pesar de conocerse los estragos de la dictadura y del boicot que se impulsaba desde Europa, los futbolistas holandeses decidieron participar del Mundial 78 "porque los jugadores no son gente de política".

"Les dijimos que, si no íbamos, en Argentina iban a estar contentos. Fuimos a jugar al fútbol por todos, estuvieran o no a favor de los derechos humanos", amplió.

El exfutbolista admitió que estaba al tanto de lo que ocurría por aquellos años siniestros en la Argentina gobernada por Jorge Rafael Videla, a pesar de lo cual la FIFA, entonces dirigida por Joao Havelange, avaló esa copa del mundo.

Argentina, comandada por César Luis Menotti, se consagró campeón mundial tras vencer en la final a Holanda (3-1 en tiempo suplementario), halago que repetiría ocho años después al mando de Carlos Bilardo en México con Diego Maradona en el equipo.

Van der Kerkhof, que en septiembre cumplirá 69 años, vive en la ciudad de Waalre, Eindhoven, donde tiene un negocio cerca del estadio del club PSV, en el que jugó más de una década y con el que conquistó la Copa UEFA en 1978.

En uno de los artículos, Télam subraya que Wim Rijsnergen, otro integrante de aquel seleccionado de Holanda que se lesionó una rodilla y sólo jugó dos partidos, tomó la decisión de visitar a las Madres de Plaza de Mayo entonces.

La organización luchaba por hallar a sus hijos desaparecidos en la dictadura, arriesgando su vida e intentando llamar la atención internacional en medio de la Copa del Mundo.

Antes de viajar a la Argentina, Rijsbergen y sus compañeros de Holanda habían quedado en el medio de un debate nacional en su país.

Organizaciones civiles y de derechos humanos, entre ellos el SKAN (grupo solidario con los exiliados argentinos e impulsado por dos humoristas, Freek de Jonge y Bram Vermeulen), exigían un boicot al Mundial.

No eran los únicos que cuestionaban a la dictadura encabezada por Videla pues el escenario se replicaba en otros países dado que a Europa la información llegaba sin censura.

"Nadie podrá decir, como en 1936 (los Juegos Olímpicos en Berlín, la Alemania de Adolfo Hitler), que no lo sabían. Irán al Mundial como héroes, volverán como colaboracionistas", fue el mensaje de los humoristas a los futbolistas de la selección de Holanda.

Télam subraya que el único jugador del que está documentado que visitase a las Madres de Plaza de Mayo fue Rijsbergen. (...) Quizás en parte por disponer de mucho tiempo libre.

"Alquiló una bicicleta y se fue a ver a las Madres. Charló con ellas y comprendió lo horrible de lo que allí pasaba. El impacto de su conversación fue tal que por mucho tiempo continuó estando en contacto con ellas y siguió apoyando su causa".

Su historia la cuenta el español Quique Peinado en el libro "Futbolistas de izquierdas: entre fútbol y política", aunque erróneamente muchas versiones han atribuido a otros futbolistas de Holanda la visita a las Madres de Plaza de Mayo.

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