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Todo Boca abraza a Orión, el héroe de la noche, que contuvo tres penales.
Nacional, en lo que fue el partido de esta noche, empezó a crecer a los cuatro minutos. Y lo hizo desde su arquero, Conde, quien sacó dos veces en la misma jugada lo que era el gol de Boca, primero ante Pérez, después ante Tevez. Fue un gesto, un mensaje, un símbolo: nada de ventajas prematuras. Los uruguayos no habían llegado en viaje de turismo a la Bombonera.
A tal punto, que de a poco el equipo de Gustavo Munúa empezó a acomodarse al primer tiempo. Hubo una buena tarea general en cada una de sus líneas y, con el método sencillo de ensanchar la cancha, se apropió del aspecto anímico del juego.
Tuvo complicidad: el medio de Boca jugó decididamente mal (César Meli-Leonardo Jara-Pablo Pérez) y Gino Peruzzi y Fabra fueron una cosa en proyección y otra en retroceso. Nacional aprovechó los espacios vacíos a sus espaldas y complicó con pelotazos cruzados.
Así llegó al gol, a los 20, cuando Leandro Barcia llegó por la franja derecha de su ataque, envió el centro y Díaz, cerrando, batió su propia valla con un zapatazo imparable. Los visitantes habían tenido una ocasión similar minutos antes (también con un centro de Barcia que no llegó a conectar con eficiencia Gamalho, a los 11), y ahora la victoria era justa.
A partir del 1-0, los uruguayos -invictos en condición de visitantes a lo largo de esta edición de la Libertadores- se ordenaron en defensa y descansaron en los nervios evidentes de los dirigidos Guillermo Barros Schelotto, que recién sobre el cierre de la etapa encontraron algo de juego asociado y elaboración para romper líneas. Tuvo el empate a tiro, pero Andrés Chávez cabeceó muy mal un centro preciso de Pavón, junto con Tevez los elementos más destacables de un pobre Boca durante el período inicial.
Lo del 'xeneize' en el complemento fue más amor propio que fútbol, empuje que le alcanzó para acercarse tibiamente al arco de Conde. El exarquero de Atlético de Rafaela respondió correctamente la mayoría de las veces, menos en una.
A los 27, y tras una maravillosa asistencia de Jara desde el mediocampo, Pavón se fue por la derecha y batió al arquero visitante con un disparo cruzado. Lo merecía Boca por actitud, aun cuando Nacional -en su estrategia de refugiarse y salir de contra- lucía como el equipo más tranquilo, más controlado.
Pero el propio Pavón condicionó las posibilidades posteriores de Boca con su tarjeta roja, y de allí hasta el final fue Nacional el que mejor intentó la diferencia. No le alcanzó el tiempo (el árbitro brasileño Héber Lopes no dio, curiosamente, minutos de descuento) y llegaron los penales. Allí volvió a tenerlo Nacional, que se adelantó dos veces y que pudo sellar el pase a semis con el tiro de Romero.
Pero estaba Orión. Que atajó tres penales y desató los festejos en la Bombonera, entre ellos el abrazo eufórico de Tevez y los mellizos Barros Schelotto en el medio de la cancha. También fue un gesto, después de una semana complicada y de cara a lo que se viene: las semifinales de un certamen que Boca sabe cómo jugar.




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