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El cero de este Boca-San Lorenzo fue más que un resultado una calificación. Simplemente porque San Lorenzo -ni por asomo-logró imponer la dinámica que -tal vez- diseñó Pellegrini en los papeles antes de comenzar el partido.
Tampoco Boca acertó en lo que -también hipotéticamentepudo delinear el profesor Tabárez. Decir que las dos armas de desequilibrio estaban en los pies de Acosta (por un lado) y en los botines del «Chelo» Delgado, ya es bastante decir. El resto fue un forcejeo en la zona media donde nadie sobresalió como creador. Con decir que Michelini (un marcador por donde se lo busque) acumuló méritos como para sobresalir del resto señala que también fracasaron en el intento colectivo Battaglia, Pinto, Giménez y Barros Schelotto, por un lado, y Erviti, Pusineri, Franco y Estévez, por el otro.
En apretada síntesis se podrá decir -finalmente-como para redondear un partido para el olvido que la marca le ganó al fútbol. Boca tuvo alrededor de veinte minutos que salieron de la medianía general (en la primera parte) y terminó con otro lapso similar de desaciertos. San Lorenzo fue creciendo de a poco, pero con muchas ganas y poca claridad, fundamentalmente cuando la pelota ingresaba de tres cuartos de cancha hacia arriba. Un clásico de ésos que se olvidan ni bien uno pisa la puerta de salida. Por lo menos antes alimentaba la ilusión de que en algún momento todo cambie. De acuerdo con lo visto, una utopía.
Ver a la gente que concurrió a La Boca era la fiel expresión de lo que acababan de ver. Nadie se atrevía ni siquiera a hacer llegar una broma de unos a otros. Y esto no es broma, si uno piensa que este clásico era protagonizado por dos equipos que -a priori-están en la nómina de «candidatos al título».
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