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Más allá del funcionamiento, de las actuaciones individuales, de las alternativas de juego, las expectativas estaban puestas no tanto en los jugadores «históricos», sino en aquellos que no tuvieron participación activa en la etapa anterior y -fundamentalmente-la incidencia que podrían imponer en el equipo, si es que lo lograban.
Era lógico suponer que la formación inicial iba a mostrar «más de lo mismo», con algunas variantes: Verón en una posición parecida a la que realizaba Simeone (igual que en Manchester), la responsabilidad en el armado delegada en Aimar, la improvisación de Claudio López por el centro (aunque lo hace en Lazio desde que vendieron a Crespo) y un pretendido desequilibrio en los vaivenes de Ortega. Sólo por nombrar algunas de las evidentes intenciones de Bielsa en la iniciación.
Si de algo sirvió este partido se puede afirmar que «obligó al técnico a hacer algunos cambios», de ésos que bien podría haberlos intentado antes. En la medida que Aimar imponía su presencia a cuentagotas, en la que Verón no se decidía en cumplir funciones de «tapón» y tampoco encontraba el lugar de «ocho mentiroso» que hacía antes y que Ortega sistemáticamente perdía en sus insistentes como incomprensibles incursiones por la punta derecha, donde dejaba todas las pelotas que intentaba jugar, a Bielsa no le quedaba otra alternativa que el cambio.
Hasta aquí no se mencionó (a propósito) a Holanda, que se sabe es un equipo mecanizado, pero dinámico cuando pisa terreno adversario en ofensiva, pero que en su dibujo tenía la pelota aunque no imponía esa mejor predisposición de con junto para hacerlos pesar dentro del área.
Ayala se hizo fuerte (a niveles sobresalientes) y Facundo Quiroga y Samuel pudieron jugarse en cada mano a mano sabiendo que detrás suyo había una doble pared, pero luego se hizo también gigante el desempeño de Cavallero (evitó tres remates de gol), que ya no es más ese chiquilín de reemplazo fácil de otras épocas. De todas maneras lo mejor lo hacía Holanda a través de Frank De Boer y --fundamentalmente-Zenden, tanto cuando marcó punta o como cuando se agrupó en el medio a los creativos. También habrá que decir que esta vez ni Van Nisterooy ni Kluivert (que igual sacó un cabezazo y un remate impecable) estuvieron a la altura de los que nos tienen acostumbrados a ver.
Cuando Bielsa decidió colocarle a la mecanizada computadora los dibujos animados de Saviola (por Gustavo López), Gallardo (por Ortega) Cambiasso (por Verón) y Solari (por Claudio López), Argentina encontró otra dinámica, más volumen de juego ofensivo e incursionó más, mejor y con mayores posibilidades ante el arquero holandés. La pelota circuló a ras de piso, siempre buscando profundidad o al jugador suelto con mayores posibilidades. Esa lapso de juego fue lo mejor y lo que abre alguna esperanza futura, porque el peso del manejo, la practicidad del toque y la sorpresa le dieron un condimento que hasta ahí el equipo no tenía. Sólo por eso es que debe abrirse una carta de crédito.
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