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19 de septiembre 2026 - 21:00

De figura del Málaga y la Selección de Uruguay a comprarse un boliche: la increíble vida de un delantero uruguayo

El goleador charrúa triunfó en España y dejó varias historias en su paso por el fútbol europeo, como la vez que adquirió una discoteca por un insólito motivo.

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El Charrúa tomó una insólita decisión en su mejor momento en Europa.

Málaga FC

Darío Silva fue uno de esos delanteros difíciles de olvidar en el fútbol uruguayo. Jugó un Mundial, pasó varios años por Europa y dejó una marca especial en Málaga, donde atravesó uno de los mejores momentos de su carrera. Fuera de la cancha, además, acumuló historias bastante particulares.

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Durante su etapa en España, su gusto por la noche lo llevó incluso a comprarse el boliche al que solía ir. Años después, un accidente de tránsito cambió por completo su vida, aunque tampoco consiguió alejarlo definitivamente del deporte.

El Charrúa es adorado en Málaga.

Huella en Europa y Peñarol: la trayectoria futbolística del goleador charrúa

Silva dio sus primeros pasos profesionales en Defensor Sporting, aunque antes estuvo muy cerca de arrancar su carrera en Argentina. Después del Mundial Sub-20 de 1991 recibió una suspensión que le impedía jugar en Uruguay y apareció Boca. Llegó a firmar contrato con el Xeneize, pero apenas seis horas más tarde lo rompió y terminó eligiendo a la Viola.

Aunque pese a eso, fue en Peñarol empezó a ganar mayor protagonismo. Llegó al Carbonero en 1993, convirtió 35 goles en 56 partidos y despertó el interés desde Europa, donde comenzó una extensa etapa fuera de Uruguay.

La primera parada fue Cagliari, donde jugó durante tres temporadas antes de mudarse a España. Pasó brevemente por Espanyol y en 1999 llegó a Málaga, el club en el que tuvo algunos de sus mejores años.

En el conjunto andaluz formó una dupla muy recordada con el panameño Julio César Dely Valdés, marcó 36 goles en la Primera División española y se convirtió en una de las figuras de aquel equipo. Después siguió su recorrido por Sevilla y cerró su carrera europea en Portsmouth, Inglaterra.

La Celeste también ocupó un lugar importante en su trayectoria. Disputó 49 partidos, convirtió 14 goles y estuvo en el Mundial de Corea-Japón 2002. Su última presentación con Uruguay fue en 2005, durante el repechaje frente a Australia rumbo a Alemania 2006, en el cual cayeron eliminados.

Dely Valdés y Silva marcaron una época en Málaga, al punto que fueron elegidos para presentar la camiseta retro del club.

“Decidí comprar el boliche para no pagar entrada”

En Málaga, Silva no necesitaba demasiadas excusas para salir de noche. Tenía un boliche al que iba seguido y, después de tantas visitas, se cansó de pagar cada vez que entraba. Su solución fue directamente comprar el lugar.

“Decidí comprar el boliche para no pagar entrada”, contó años después. Y no era un dueño que aparecía de vez en cuando: algunas noches se quedaba hasta las seis de la mañana, tomaba mate y a las ocho ya estaba entrenándose con Málaga. Después dormía durante la tarde y, cuando tenía ganas de salir, repetía la rutina. Ese ritmo coincidió con uno de sus mejores momentos dentro de la cancha.

Las noches españolas también dejaron historias con amigos y compañeros. En una oportunidad llegó a subir a once personas a una Hummer para ir al boliche. Silva recordó aquella época años después entre risas, sin demasiada intención de esconder cuánto disfrutaba de la vida nocturna.

El accidente de tránsito que terminó en amputación y su resiliencia

La vida de Silva cambió en septiembre de 2006. Tenía 33 años y poco antes había rescindido su contrato con Portsmouth para regresar a Uruguay y acompañar a su padre, que atravesaba un problema de salud. En Montevideo sufrió un grave accidente de tránsito que terminó con su camioneta contra una columna.

Tiempo después explicó que todo ocurrió cuando una porción de pastafrola cayó cerca de los pedales y se agachó para recogerla. Perdió el control del vehículo y el impacto le provocó heridas muy graves. Los médicos tuvieron que amputarle parte de la pierna derecha para salvarle la vida.

La recuperación lo obligó a adaptarse a una realidad completamente distinta. Empezó a utilizar una prótesis y poco a poco retomó la actividad física. También practicó remo con la intención de intentar llegar a los Juegos Paralímpicos de Londres 2012, aunque finalmente no compitió.

Volver a jugar al fútbol parecía mucho más difícil. Silva había construido prácticamente toda su vida alrededor de una pelota y la amputación había cambiado por completo la manera en la que podía moverse. En enero de 2009 tuvo la oportunidad de entrar nuevamente a una cancha durante un partido benéfico disputado en Punta del Este.

Lo hizo con una prótesis especialmente preparada para jugar y volvió a patear una pelota frente al público. Incluso convirtió un penal durante el encuentro y otro en la definición desde los doce pasos. Habían pasado poco más de dos años desde el accidente.

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