Millones de chicos sueñan con hacer inferiores en un club grande y tener la posibilidad de debutar allí. Franco Miranda lo consiguió: tuvo su estreno como profesional con la camiseta de River y hasta fue campeón con el conjunto de Núñez.
Logró levantar un título con el Millonario, pero no logró mantenerse en el plantel y su recorrido lo llevó a atravesar una complicada situación emocional.
No muchos recuerdan su paso por el conjunto de Núñez pese a ser campeón.
Millones de chicos sueñan con hacer inferiores en un club grande y tener la posibilidad de debutar allí. Franco Miranda lo consiguió: tuvo su estreno como profesional con la camiseta de River y hasta fue campeón con el conjunto de Núñez.
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El hoy exjugador llegó desde el sur del país al Millonario, con la intención de triunfar en el fútbol, pero su vida terminó tomando otro rumbo. Mientras todavía intentaba sostener su carrera atravesó una fuerte depresión y, años después, encontró un lugar en un sector completamente distinto, primero como vendedor y luego con su propio proyecto.
Franco Miranda dio sus primeros pasos en la CAI de Comodoro Rivadavia. Antes de instalarse en Buenos Aires estuvo cerca de ir a Racing e incluso viajó a Italia con un grupo empresario, aunque la oportunidad que terminó marcando su camino apareció durante una serie de amistosos frente a River en el predio de Martelli.
Néstor Rossi, por entonces coordinador del club, lo vio jugar y pidió incorporarlo. En enero de 2002, con apenas 15 años, dejó Chubut para vivir en la pensión de Núñez. Su familia tenía algunas dudas por la distancia, pero la posibilidad de seguir estudiando dentro de la institución facilitó la decisión.
El debut en Primera llegó en 2003, cuando tenía 17 años. Además, se convirtió en el primer futbolista nacido en Comodoro Rivadavia en jugar profesionalmente con la camiseta del Millonario. Entre distintas competencias disputó nueve partidos con el plantel principal.
Su paso fue breve, pero alcanzó para integrar el equipo dirigido por Leonardo Astrada, que ganó el Clausura 2004. Después jugó en Racing y más adelante pasó por Helsingborgs de Suecia y St. Mirren de Escocia. En 2009 regresó al país y siguió en distintas categorías del Ascenso.
Con el correr de los años, las propuestas comenzaron a cambiar. A los 31, los ofrecimientos que recibía ya no le permitían mantener el nivel de vida al que estaba acostumbrado y una lesión también complicaba sus posibilidades de seguir jugando. Fue entonces cuando empezó a asumir que su etapa como futbolista estaba llegando al final.
En diálogo con La Página Millonaria, explicó: “Un poco yo lo decidí y un poco más el fútbol me dejó a mí”. En esa misma entrevista reconoció que, si pudiera volver atrás, probablemente no elegiría nuevamente ese camino por lo cruel que puede resultar el profesionalismo.
El retiro lo encontró sin un plan para lo que venía después. Durante años había concentrado casi toda su energía en jugar y tampoco se había preparado para otra profesión. Ese vacío terminó afectándolo de lleno y atravesó una depresión que lo mantuvo cerca de un año sin encontrar un rumbo.
La salida empezó a aparecer después de una charla con uno de sus hermanos, dueño de una concesionaria en el sur del país. Hasta ese momento, Miranda prácticamente no conocía el negocio automotor, pero tomó aquella conversación como una posibilidad para empezar de nuevo.
Su ingreso al sector fue desde abajo. Se puso un traje, se presentó en una concesionaria y pidió una oportunidad como vendedor. El acuerdo era sencillo: tendría un mes para demostrar que podía desenvolverse en un trabajo completamente nuevo para él.
Las primeras semanas fueron difíciles y no logró cerrar ninguna operación. Recién en la tercera vendió una camioneta y terminó aquel mes con tres vehículos, lejos de los diez que le habían marcado como objetivo. Pidió seguir y, en el período siguiente, llegó a 15 ventas.
Con el tiempo se convirtió en uno de los mejores vendedores de la sucursal. Allí conoció a quien después sería su socio y ambos crearon una consultora dedicada al rubro automotor, que llegó a trabajar con siete concesionarias y fue homologada por Volkswagen Argentina.
Más adelante recibió propuestas para ocupar cargos gerenciales, aunque prefirió mantenerse en su propio proyecto. También hizo el curso de agente FIFA y comenzó a representar jugadores, una tarea que terminó ocupando buena parte de su día mientras la empresa siguió funcionando en paralelo.