Enseñar es un arte que trasciende las fronteras del ámbito escolar. La posibilidad de transmitir un conocimiento y transformar a una persona también sucede en las artes, en oficios y, por qué no, en el deporte, que tiene una capacidad innata para modificar una sociedad. Daniel García pasó de ser entrenador de elite a un formador que disfruta dar clases de tenis aún en tiempos de pandemia y contactos limitados.
García fue el mentor de Martín Jaite, uno de los tenistas más destacados de la historia argentina. A mediados de la década de los 80 fundó el Campo de Entrenamiento de Tenis en el Tiro Federal, por que pasaron jugadores como Guillermo Cañas, Florecia Labat, Brian Dabul y, hasta hace pocos meses, Juan Pablo Ficovich, actual 196° del ranking ATP.
Las clases siempre estuvieron presentes en su vida: a los 18 años, para poder viajar a Europa, fue profesor durante un año. “Siempre que terminé una etapa, al otro día estaba dando clases. Siempre me gustó enseñar”, le cuenta a Ámbito.
No caben dudas que el deporte desarrolla un proceso de formación. Queda en el profesor o entrenador decidir si sólo buscará una evolución deportiva o buscará explorar nuevos límites. “Uno tiene que dar un porcentaje de estructura, tanto técnica como de disciplina y entrenamiento, pero también dejar un margen para la creatividad del chico”, apunta el excapitán de Copa Davis entre 1996 y 1999.
CET Campo de Entrenamiento de Tenis
Según su experiencia, cada situación planteará nuevos retos que no necesariamente las armas adquiridas con la práctica podrán resolverlos. Entonces, entra en juego la capacidad de cada jugador para sortear esas dificultades.
“Nosotros podemos proyectar qué tipo de tenista queremos que sea, le transmitimos un concepto de juego, pero después hay un 30 o 40% de cada uno. Es un viaje de descubrimiento de uno mismo; lo que el entrenador puede hacer es apoyar, dar sustento a eso, enriquecerlo y darle un orden”, ejemplifica García.
El autoconocimiento al que referencia el director del CET se trata de aprender -término que nunca deja de mencionar- cómo enfrentar cada situación novedosa, las reacciones que uno tendrá y qué tipo de decisión tomó. “Nuestra misión es acompañarlos, porque pueden existir frustraciones y límites”, explica.
García conoce las propias limitaciones del oficio: “El rol del formador es importante, pero no es absoluto. El otro no es una madera que vos tallás como vos querés. Puede haber un hilo conductor, características que uno pretende enseñar. Se nota mucho con los chicos extranjeros, a los que no les podés cambiar su cultura. Debemos ser flexibles”.
Además de ser capitán de Copa Davis, García comandó los equipos argentinos de la Copa de las Nacionales de Düsseldorf y de los Juegos Olímpicos de 1988 y 1996. En paralelo mantenía la actividad del CET junto a sus socios, algo que se dio sobre sobre la marcha porque, reconoce, aceptó “lo que la vida me planteaba”.
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Hernán Gumy y Daniel García, durante la Copa Davis 1997.
Archivo Histórico RTA
Enseñar en tiempos de pandemia
La realidad del mundo cambió por completo a raíz del coronavirus. El deporte, inexorablemente, debió poner un freno a todo su desarrollo y las dudas crecieron conforme pasó el tiempo. Sin embargo, atletas de todos los niveles se las ingeniaron para seguir activos hasta que cada disciplina permitió el regreso.
“A los chicos les gusta entrenar, pero ahora no hay ni va a haber torneos, entonces les queda el amor puro por el tenis”, advierte García, quien a su vez opina que en estas circunstancias “no hay mucho para trasladar. Hicimos físico, charlas, hay videos, se pueden ver cosas en la tele, pero no los podemos abrumar”.
“El motor es el deseo, entonces debemos mantenerles el entusiasmo porque no hay expectativas de competencias. No se puede reemplazar la acción. Recién estamos arrancando y hay bastante temor, las medidas son muy estrictas”, indica el coach.
Durante la pandemia, el consumo de tecnología creció en todo el mundo y un amplio espectro etario. Zoom fue la herramienta fetiche para reuniones, cumpleaños y hasta entrenamientos. Para García, este aspecto de la modernidad es un arma de doble filo.
Los formadores debemos ser flexibles y dejar un margen para la capacidad creativa de cada chico" (Daniel García)
Su primera reacción es admitir que “es una novedad y me cuesta”, y que “la Play absorbe mucho a los chicos”. No obstante, García ve un recurso valioso y cercano a los chicos: el celular. “Hoy están en una clase y sacás el teléfono, lo filmás y le mostrás. Eso para ellos eso es irrefutable”, contrapone. “Pero perdimos aquella exploración que tenían hace unos años cuando estaban muchas horas jugando en los clubes, y debemos adaptarnos”, sopesa.
Esa capacidad de flexibilidad y adaptación que pregona García la puso en práctica a lo largo de más tres décadas, aun en tiempos de entrenar a jugadores profesionales por todo el mundo. “Pese a la pandemia, el invierno, levantarme para ir a dar una clase es lo mío. Yo todo lo que sé lo aprendí enseñando”, resume.
El tenis, como tantos otros deportes, tiene la posibilidad de transformar a una persona, sea en el nivel que fuera. Desde la japonesa Naomi Osaka, que rechazó jugar las semis de Cincinnati ante la violencia contra la población afroamericana en EEUU, hasta un simple aficionado que asume el compromiso de entrenar y mejorar por su club. Siempre habrá una constante: el formador que los guíe.