Un jugador de fútbol australiano (disciplina que mezcla el fútbol y el rugby) recibió el golpe más doloroso que un hombre puede recibir. Un rival iba a atrapar la pelota en el aire, pero le pifió y el balón le pegó directamente en los testículos, tumbándolo del dolor.
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El jugador fue rápidamente asistido y debió abandonar el campo de juego por el terrible dolor que le provocó el pelotazo en sus testículos.
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