11 de diciembre 2000 - 00:00

El que ganó fue el golf

Las dos parejas de golf más importantes del mundo.Woods- Duval y Romero- Cabrera
Las dos parejas de golf más importantes del mundo.Woods- Duval y Romero- Cabrera
Que el grito del público no se apague nunca. Que el aplauso no decaiga. Que la euforia de un mundial no quede en eso. Sería muy injusto apostar a unos efímeros cuatro días de competencia. Valió la pena tanto sacrificio, tamaña organización, para que más de mil millones de personas nos vieran por televisión a través de los 150 países a los que llegó la imagen. El acontecimiento reclamaba una respuesta contundente y comprometida. Y se cumplió con creces.

Seguramente para el recuerdo quedará aquel putt de 13 metros que embocó Tiger en el hoyo 11 de la última vuelta, o el águila de Romero en el hoyo 9 del viernes. Como el testimonio emocionado del paraguayo Carlos Franco, sumamente feliz por la actuación de su país (y por Argentina donde se hizo jugador de gran nivel). O el conmovedor recibimiento que la gente le tributó al equipo argentino ni bien pisó el green del 18 en el epílogo del campeonato.

Son apenas algunas postales que perdurarán en la mente y en el corazón, seguramente. Ahora llega otro tiempo. Luego de la despedida a los grandes jugadores que nos visitaron es el momento de imaginar el definitivo lanzamiento (o gran despegue) del golf nacional. Un dato como para tener en cuenta lo encontraremos en algunas palabras pronunciadas por los nuevos campeones, Tiger Woods y David Duval. Dijeron haberse sorprendido por la cantidad de chicos que fueron a ver el mundial. En esos jóvenes hay un futuro promisorio que sería imperdonable descuidar.

Por suerte, ya hace algún tiempo están funcionando en el Gran Buenos Aires las escuelas de la PGA (Jugadores Profesionales de Golf de Argentina) como una muestra palpable que la dirigencia advirtió a tiempo: ahora saben que el futuro está ahí, al alcance de la mano. No se puede desperdiciar este momento tan especial. En un país de 36 millones de habitantes tener en la actualidad ocho jugadores (aunque algunos aún estén clasificando) compitiendo en los circuitos del mundo es un lujo apenas reservado para pocas naciones.

No es menos cierto la reconocida capacidad individual que los grandes maestros extranjeros le atribuyen al auge argentino. Se hable de links, de cantidad de jugadores, de cantidad de profesores o profesionales. Qué bueno sería que todo ese caudal de campos y talentos se canalizara a través de una docencia programada, que se prolongue en el tiempo más allá de nombres, dirigentes y alguna díscola conducta personal. La Copa del Mundo repartió 3 millones de dólares en premios mientras que su organización demandó alrededor de 8 millones. Cifras impensadas para el golf vernáculo hace poco tiempo atrás. La realidad demuestra que con esfuerzo, dedicación y disciplina se puede conseguir que los máximos dirigentes del golf mundial sigan mirando hacia nuestro país, que hasta hace pocos años atrás parecía ignorado.

Nos conocieron primero. Nos respetaron después. El mundial fue un éxito deportivo y organizativo. Con una infraestructura dentro y fuera del campo a nivel de las mejores.
Contar con el número uno del mundo es un honor para cualquiera, quién lo duda. Tener a los principales jugadores de golf de los mejores países del mundo, una alegría indescriptible. No dejemos pasar esta imperdible oportunidad. No hacerlo sería imperdonable.

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