Por Gastón Douton.- El SIC tuvo un comienzo de año irregular perdió encuentros impensados, no encontraba una línea de juego y parecía que naufragaba otro año más lejos de la disputa por la corona. Sin embargo, una serie de triunfos importante -frente a Hindú y Alumni- sumado una consolidación de nombres y estrategia, lo volvió a colocar en los primeros planos y, en la final, venció con mucho oficio y claridad a La Plata por 30 a 22 y volvió a consagrarse campeón luego de seis temporadas.
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Al Zanjero le alcanzó con atacar 41 minutos, los otros 39, le alcanzaron para defender la ventaja conseguida y llevarse la corona que perteneció a Hindú los últimos cuatro años.
El apertura Benjamín Madero fue clave en el armado del juego y además aportó 15 puntos, mediante tres penales y tres conversiones; además, aportó calma, criterio y claridad cuando encabezó los ataques de su equipo.
El SIC fue una máquina doble función. En la primera parte atacó sin piedad y en el complemento defendió su ventaja con una defensa inquebrantable y sobria.
Los delanteros fueron clave para romper la defensa rival y gracias a una combinación de Artese y el debutante Ortega Desio abrió el camino; además, la potencia -y algo de fortuna- le permitieron a López Mañán estirar la ventaja.
Al minuto del complemento, llegó el último ataque serie del campeón que terminó con el primera línea Piccinini en el ingoal y fue el golpe de gracia para La Plata que a partir de allí se dispuso a recuperar terreno.
La Plata fue una sombra del equipo que hace una semana venció al ex monarca Hindú. Cometió muchos errores en el primer tiempo que le costaron prácticamente el partido, ya que en el complemento solo levantó más por amor propio que por estrategia. Equivocó los caminos pero a pura fuerza de voluntad logró acortar ventajas con dos tries de su goleador Ramos y uno del incansable Mercerat aunque no le alcanzó.
Los últimos cinco minutos del partido valieron cada centavo de la entrada. La Plata jugado el todo por el todo en el ataque, con el corazón en la mano y dejando la vida en cada pelota. El SIC, a centímetros de su ingoal soportó con inteligencia y solidez cada embate rival, tiró abajo todo lo amarillo que se movía y solo levantaron la cabeza cuando el árbitro finalizó el encuentro y despertó el festejo dormido por seis años.
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