Federer, de 24 años, que tiene marca de 2-2 con Nalbandian en los partidos de Grand Slam, no dio nunca opción a su rival e hizo un entrenamiento para estar listo cuando se enfrente en semifinales al australiano Lleyton Hewitt, tercer cabeza de serie, que ganó al finlandés Jarkko Nieminen por 2-6, 6-1, 3-6, 6-3 y 6-1.
El número uno del mundo, que tiene marca de 10-7 contra Hewitt, logró su trigésima tercera victoria consecutiva en canchas de cemento, la tercera mejor de todos los tiempos.
Federer sólo necesitó una hora y 40 minutos para dar una lección de tenis con 11 aces, 31 golpes ganadores, 18 errores sin forzar y 14 tantos de 21 subidas a la red, convirtiendo siete de 11 oportunidades de quiebre de saque.
Mientras que Nalbandian se quedó sin ningún ace, seis dobles faltas, 10 golpes ganadores, 29 errores sin forzar y 14 tantos de 27 subidas a la red.
El primer set sirvió para que Federer en sólo 27 minutos consiguiese tres veces quebrarle el saque a Nalbandian, que comenzó el partido haciendo lo propio al número uno del mundo. Pero ahí se acabó el acierto del argentino, que vio cómo Federer, con una derecha destructiva, un saque demoledor y un revés sin concesiones, ganó fácil el set.
Nalbandian intentó cambiar la historia del partido en el segundo y jugó su mejor tenis con cambios de ritmo, pelotas colocadas al fondo de las esquinas de la pista y las líneas, pero Federer no daba tregua y seguía controlando las acciones con una precisión que daba envidia. Hasta que llegó el quinto juego, y de nuevo Nalbandian consiguió la hazaña de quebrarle el saque a Federer, que no perdió el control y en el octavo lo recuperó con tres tantos consecutivos para, en el décimo, asegurarse el segundo set. A partir de ese momento, la figura de Federer creció aún más en la pista central Arthur Ashe, y el tercer set le sirvió para completar la primera venganza deportiva ante Nalbandian, al que no había podido ganarle como junior ni como profesional en el Abierto de EE.UU.
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