Fue una dosis de talento, picardía y mucho potrero. De esas acciones que quedarán para siempre en la memoria de todo futbolero. La acción del jugador Damián Díaz, argentino y nacionalizado ecuatoriano, hizo una de esas genialidades de crack que son esporádicas en el fútbol actual.
Emblema futbolístico y capitán del Barcelona de Guayaquil, en el partido de ayer por la Copa Sudamericana dejó su sello en la goleada 4-2 de su equipo sobre Montevideo Wanderers de Uruguay. En lo que parecía que iba a ser un simple tiro de esquina, Díaz encontró el momento preciso para dibujar una verdadera obra de arte. Con su pierna derecha le pegó con los tres dedos y dejó atónito al arquero De Arruabarrena. La pelota no se levantó en ningún momento y fue rasante a la red.Antes de esa genialidad, no había sido el partido ideal para Díaz. Había errado un penal. Es cierto que había intentado hacer otra joyita, pero le salió mal, muy mal. Quiso picar un penal pero fue demasiado anunciado y la pelota llegó muy lenta a las manos del arquero. Por eso, con el golazo que hizo después, encontró la mejor oportunidad para reivindicarse ante sus hinchas y gritarlo bien fuerte. Un desahogo para llenarlo de confianza. Porque con esa acción le valió a Díaz salir ovacionado de la cancha. Sus hinchas lo venían cuestionando por varios goles errados. Ahora, con el gol olímpico, le empiezan a perdonar todo.
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