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La actuación de Gimnasia fue muy digna. Jugó de igual a igual todo el primer tiempo y, en el segundo, cuando los jugadores se quedaron sin aire, aguantó atrás, pero sin resignar nunca la posibilidad del contraataque.
Tuvo en Enría a su jugador más peligroso, corriendo incansablemente por ambos costados sin sentir para nada las consecuencias de la altura, circunstancia que sí pareció sentir, y mucho, Roberto Sosa, estático y falto de distancia. En la mitad de la cancha, Esteban González y Leiva se repartieron las marcas, y con la entrada de Claudio Enría
Cobreloa buscó tozudamente el gol, utilizando todas sus armas: la habilidad de Jaime González, el remate de media distancia de Cornejo y los desbordes de sus dos laterales, pero siempre chocó contra la figura de la cancha Juan Carlos Olave. El arquero fue infranqueable, tanto en los centros, como debajo del arco, salvando media docena de situaciones de gol, y por eso, el partido terminó sin goles.
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