En marzo, la Asociación Argentina de Tenis presentó su centro de alto rendimiento en el Cenard. Cuatro canchas de cemento más un gimnasio le dan la posibilidad a juveniles y profesionales de practicar en un lugar propio. En ambas áreas está involucrado Daniel Orsanic, Director de Desarrollo de la entidad desde mayo de 2014 y capitán del equipo argentino de Copa Davis, puesto que asumió a fines del año pasado y en el que debutó en marzo último con el histórico triunfo sobre Brasil. El exdoblista describió para ámbito.com la realidad de las nuevas generaciones del tenis argentino, cuyas bases lidian con los constantes cambios económicos y los sueños por viajar a Europa. A su criterio, es una falencia que los padres se apresuren en que sus hijos busquen desde el inicio un buen ranking antes que su propia evolución. "Hay mucha ansiedad y eso juega en contra de la evolución", analizó, al tiempo que en su opinión, el modelo de jugador nacional ya no es el especialista en polvo sino que se adapta a todas las clases de canchas y que su modelo de tenista implica un "jugador-persona", con el deporte como formador de carácter y valores.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Periodista: ¿Qué experiencias viviste en este primer año como Director de Desarrollo?
Daniel Orsanic: Pusimos mucha energía en conocer la mayor cantidad posible de entrenadores y jugadores, en transmitir nuestra forma idea. Quisimos mostrar que estamos abiertos al intercambio. Se fue generando mucho más ida y vuelta con los coaches, más participación también con las federaciones, porque a nivel dirigencial se está buscando abrir el juego. Creo que de esa manera se llega a una mejor decisión, a optimizar los recursos. También escuchar los distintos sectores del país, porque cada uno de ellos tiene una necesidad distinta. La idea es incentivar a las provincias que están más apagadas para que generen recursos ellas mismas.
P: ¿Cómo definirías vos a tu propia filosofía para llevar adelante tus funciones?
D.O.: Tengo un modelo en mi cabeza que es jugador-persona. No separo. En mi función yo tengo que sacar tenistas, pero quiero ayudar a que sean personas íntegras. Los padres son los que educan a sus hijos, eso está más que claro. Pero hay un trabajo, un modelo de persona-tenista que estamos inculcando. Remarcamos aspectos dentro y fuera de la cancha, porque creemos que van de la mano. Es ese el modelo de jugador que yo añoro y quiero trabajar y poner toda mi energía para conseguir.
P: ¿Se te está haciendo muy difícil la doble tarea?
D.O.: No, estoy muy contento. Me siento muy identificado con el área de desarrollo y me siento privilegiado de poder estar con los referentes del tenis. Creo que es un todo. La ventaja de estar tanto en desarrollo como en Davis es que la línea y el mensaje pueden ser los mismos. Lo que le enseñamos e intentamos inculcar a los más chicos es lo que queremos que los más grandes muestren. Por su puesto que es mucho trabajo.
P: ¿Cómo encontraste el área de juveniles cuando llegaste?
D.O.: Encontré una buena estructura de competencia, buenos jugadores en cada una de las categorías, la necesidad histórica de que haya más chicas jugando, pero también bastante ansiedad de los entrenadores y padres. Están muy enfocados en un ranking y para nosotros que miramos hacia la madurez del jugador sabemos lo relativo que es eso. Soy consciente que la posición muchas veces te permite representar al país, pero también pareciera que si no van a un sudamericano, se les acaba la carrera. Intento relativizar eso. Muchas veces hay un apuro por mejorar el número que va en contra de la evolución. Es algo que los entrenadores busca explicárselo a los padres y a los chicos, pero muchas veces no lo terminan de entender. Mi consejo es que se fijen más en lo que obtienen jugando al tenis, que es formador de carácter y valores, en lo que el deporte les da, y que todo eso se traslada a la vida.
P: Se comparte la realidad de la "futbolización" de todo el deporte argentino, perfecto, ganador y ni siquiera saben si el chico quiere hacer eso.
D.O.: Muchas veces como padres nos proyectamos. Como no pudimos hacer un deporte, ponemos a nuestro hijo a hacerlo. Es muy importante ir viendo cuál es el entusiasmo de ellos. Yo siempre les digo que ése es el parámetro más importante. El entusiasmo al ver si mi hijo quiere jugar o si no lo tengo que andar arrastrando cada vez que tiene que ir a entrenar, es una vara muy buena para medir si el chico está haciéndolo porque quiere o porque si yo creo que es lo mejor para él.
P: ¿Cuál es la realidad de los juveniles argentinos hoy?
D.O.: En distintas categorías han tenido buenos resultados internacionales tanto en mujeres como en varones. A nivel sudamericano, en cada una de ellas conseguimos becas que da la COSAT (Confederación Sudamericana de Tenis), para poder viajar más adelante a Europa. Lo que buscamos es medirlo más con el nivel de allá que con el sudamericano. Queremos mantener las ideas claras. Sudamérica es un parámetro pero no es el más importante, y a veces los chicos creen que porque les fue bien acá, luego es lo mismo.
P: ¿Pudiste traer ideas del extranjero?
D.O.: Sí, siempre buscamos ir actualizándonos. Ahora voy a Roland Garros y tengo un par de reuniones con gente de la federación francesa. Ellos están muy avanzados en tecnología, sistemas de capacitación. Tienen todo mucho más organizado, y eso en parte se debe a tener un Grand Slam en su casa, que conlleva las posibilidades económicas para distintos centros de entrenamiento y capacitaciones en el país y poder ir desparramando una idea.
P: ¿Y en cuánto ayuda el nuevo centro de alto rendimiento?
D.O.: Mucho porque es el lugar donde vamos nucleando a los jugadores, donde ellos saben que pueden venir y entrenar con nosotros. Tanto los profesionales como los juveniles pueden sentir como su casa, generar ese sentido de pertenencia. Además, lo que me gusta del Cenard es que los chicos comparten momentos con deportistas de otras disciplinas.
P: ¿Qué tan difícil es modelar jugadores con las condiciones económicas del país?
D.O.: Hubo momentos en que fue más fácil apoyarlos, pero siempre que la competencia y el entrenamiento sea bueno a nivel nacional, tenemos esa posibilidad de que se desarrolle bien, evolucione, y que llegue a su madurez en condiciones de competir a nivel mundial. Por eso insisto con tranquilizar a entrenadores y padres. Mi opinión es que es muy importante que entrenen día a día de la mejor manera y fortalecer la competencia nacional, que es algo en lo que estamos trabajando desde el principio y que creo que lo hemos conseguido en juniors, y ahora estamos buscando jerarquizar los otros niveles.
P: ¿Te preocupa que en algún momento la variable económica genere algún bache generacional?
D.O.: Es que siempre estamos en esa lucha por conseguir los recursos necesarios para hacer el trabajo de la mejor manera posible. Estamos acostumbrados a lidiar con ese tipo de falencias. Buscamos optimizar los recursos. El Enard ayuda mucho con todos los deportes y el tenis también. En cuanto al bache, debemos trabajar mucho con los más chicos, para que cada vez haya más, que es lo que te va a ir dando la calidad de jugadores.
P: ¿En qué medida puede afectar la falta de una Legión Argentina y que no se ganen tantos títulos como en esos años?
D.O.: Cuantos más referentes tenés, más chicos quieren jugar y más entusiasmados están. No es ningún secreto. Por eso es importante lo que pasó contra Brasil, que los jugadores hayan sido ejemplos de esfuerzo, de disciplina. Siempre los resultados ayudan al entusiasmo. El principal referente es Juan Martín, que lamentablemente en este momento sigue lesionado, pero es importante para los chicos. Pero está claro que cuantos más jugadores arriba tengamos, es más fácil generar ese entusiasmo.
P: ¿Es posible cambiar el modelo de jugador argentino, tradicionalmente adaptado al polvo?
D.O.: Creo que hace ya varios que ha ido cambiando eso. La Legión quizás fue el ejemplo más claro de eso, había una diversidad de jugadores muy grande. En los juniors se ven distintos tipos de jugador, tienen esa modalidad de tenis más moderno. En mi opinión, el polvo es la mejor superficie para formar a un jugador. Tenemos canchas de clay por todos lados y muy pocas de cemento, y justamente por eso en el centro de alto rendimiento quisimos las cuatro rápidas.
Dejá tu comentario