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Boca tenía como bandera también algunas circunstancias favorables, que pasaban por sus necesidades de triunfo y por efectos psicológicos, que debía hacer pesar en su favor. Era difícil encontrar a alguien que arriesgara de antemano un resultado. Mas, no podía hacerlo ni siquiera cuando Boca hizo estallar su ilusión y acarició sus posibilidades de triunfo, que le habría grandes perspectivas.
En esas circunstancias ciertas, Tabárez fue el que mejor planteó situaciones. Había que marcar diferencias donde se pudiera y lo consiguió. Independiente no tenía en Insúa, Pusineri, Monte-negro y Silvera, la presencia ofensiva que aportabaTévez con su movilidad, Barros Schelotto con su temperamento y experiencia; o el «Chelo» Delgado, que aunque con intermitencias, siempre se mostraba por lo menos amenazante.
Independiente regaló (por momentos peligrosamente) terreno a su adversario. Ni Battaglia, ni Cascini se engolocinaron con esa franja de terreno. Lo hizo Clemente Rodríguez y terminó por darle dividendos, simplemente porque utilizaron ese espacio para manejarse -en lo posible-a manera de contraataque.
Boca ya había «avisado» dos o tres veces. Sin que Leo Díaz debiera intervenir en demasía, pero incursionando por el área con presencia de jugadores aptos para utilizar huecos para el remate, por aquello de jugar la pelota siempre a ras de piso.
Lo contrario de Independiente, que se movía con lentitud en el medio, buscaba por los costa-dos y terminaba con un reiterado «ollazo» de fácil despeje.
No extrañó cuando Delgado se fue por el costado, envió hacia atrás y Barros Schelotto (con un tranquilidad llamativa) marcó. Era lógico suponer que Independiente iba a salir «a quemar sus naves». Lo hizo pero por agrupamiento de jugadores y en medio de un gran desorden. En el contraataque Boca tuvo no menos de tres oportunidades para marcar el segundo y sellar el marcador.
Independiente puso lo poco que tenía. Gente y temperamento en ofensiva. Abbondanzieri sacó una pelota de esas llamadas «envenenadas» y cuando pare
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