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El estilo y el dibujo táctico fueron los habituales. Tres defensores marcando en zona, dos mediocampistas exteriores, un cinco clásico, un enlace y tres delanteros. Pelota al piso, pases cortos, mucho «pres-sing» en campo rival y tratar de atacar por las puntas.
Fue sólida en todas sus líneas, sobre todo cuando Bielsa puso a Heinze por Castromán, haciendo tres cambios en uno, porque Heinze quedó como marcador por izquierda, adelantando a Placente como mediocampista por ese sector y Zanetti pasó a la derecha, donde juega habitualmente.
Japón fue un rival muy pobre que en la primera etapa sólo se limitó a defender y, en la segunda -cuando ya perdía 2 a 0-, salió a buscar el partido, ofreció espacios en su defensa para un contraataque argentino que fue implacable.
Lo mejor del equipo argentino fueron los goles. Sobre todo, los dos primeros. La definición de Saviola desde fuera del área fue exquisita, y la pared entre Zanetti y Aimar que terminó con un potentísimo re-mate del primero fue una clase de fútbol práctico.
Hubo actuaciones individuales muy lucidas, como la de Coloccini -por ejemplo-como último hombre cruzando siempre con justeza a las espaldas de sus compañeros. O la de Cambiasso, quitando y distribuyendo con criterio todas las pelotas que pasaron por su sector, o la de Saviola, siempre desmarcado a pesar de que lo seguían dos defensores japoneses. Aunque sobre ellos se destacaron Zanetti, relevando a todos sus compañeros en la mitad de la cancha y con tiempo y distancia como para marcar un gol, y Pablo Aimar, quien -con su calidad de siempre-fue el que manejó todos los ataques argentinos.
La Selección volvió a ser un equipo práctico, potente y contundente con una nueva gene-ración de jugadores que les van a pelear el puesto a los «históricos».
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