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La Selección vuelve al Gigante de Arroyito

Según añora Fito Páez, Rosario siempre estuvo cerca. Y en el caso del Gigante de Arroyito, el emblemático estadio de Central que el sábado abrirá sus brazos para darle la bienvenida el clásico entre Argentina y Brasil, siempre ha sido un escenario cercano a los afectos de la selección. Un estadio que, a fuerza de tribunas repletas, cual templo pagano, fue testigo preferencial de inolvidables hazañas futbolísticas. Hazañas que también supieron vestirse con camiseta albiceleste.

Por trascendencia, un rápido ejercicio de la memoria devuelve imágenes de aquellos tres partidos que Argentina jugó en el Gigante de Arroyito (por entonces llamado estadio Lisandro De la Torre), por la segunda ronda del Mundial 78. Pero también hubo otros siete encuentros que la selección disputó en el estadio de Central. No con la importancia que otorga la realización de una Copa del Mundo, obviamente, aunque sí muy recordados por los rosarinos.

No es un dato insignificante, ni mucho menos indiferente, que el sábado Argentina salga de la órbita de Capital Federal y juegue por primera vez en el interior del país por eliminatorias sudamericanas. Anteriormente, la mayoría de las veces se había presentado en el estadio Monumental (41 partidos), esporádicamente lo había hecho en La Bombonera (9 cotejos) y tan sólo en una ocasión actuó en cancha de Independiente: en la ronda clasificatoria al Mundial de Suecia 58.

Por undécima vez, Argentina saldrá a jugar en el Gigante de Arroyito. Y ni más ni menos que contra Brasil, al igual que en aquella segunda rueda del Mundial 78. Esta vez, empujado por el compromiso de sacar provecho de la presión que pueda ejercer el público y conseguir un buen resultado que le permita al equipo de Diego Maradona encaminarse hacia la clasificación a Sudáfrica 2010.

Una situación parecida, no idéntica, a aquella vivida de 31 años atrás, cuando el gol del italiano Roberto Bettega forzó a la Argentina dirigida por César Menotti a salir del Monumental e instalarse en Rosario para dirimir la instancia semifinal de la Copa del Mundo, junto al propio Brasil, Polonia y Perú. Otra vez la selección y el Gigante se toman de la mano para sacar adelante una patriada.

El bigote de Kempes

En junio del 78, Argentina se mudó a Rosario. En la ronda inicial le había ganado 2-1 a Hungría (Leopoldo Luque y Daniel Bertoni, los goles) y Francia (Daniel Passarella de penal y Luque). Hasta que llegó la derrota 1-0 contra Italia en la tercera jornada que lo obligó a mudar la localía. No había andado bien Mario Kempes en la fase de grupos. Y hasta entonces, el Matador no había podido hacerle honor a su apodo. En tres partidos, ningún gol.

Menotti, el ayudante de campo Roberto Saporiti y algunos compañeros le aconsejaron a Kempes que se afeitara el bigote, que no lo había dejado jugar bien durante la primera fase; según consideraron en el plantel. Creer o reventar. El 14 de junio del 78, en un Gigante de Arroyito desbordante de pasión, Kempes fue figura descollante en el 2-0 sobre Polonia, sacándose la mufa al convertir los dos goles y volando de palo a palo para atajar un cabezazo de Lato que tenía destino de gol. En la ejecución del penal, Ubaldo Fillol le contuvo el remate a Deyna. Fue el destape del Matador, que con sus otros dobletes ante Perú y en la final contra Holanda, terminaría erigiéndose en el goleador de la Copa del Mundo.

En aquel partido contra los polacos, Argentina formó con Fillol; Jorge Olguín, Luis Galván, Passarella, Alberto Tarantini; Osvaldo Ardiles, Américo Gallego, Daniel Valencia (luego reemplazado por Julio Villa); René Houseman (Oscar Ortiz), Kempes y Bertoni.

La caldera del diablo

Cuatro días después, el 18 de junio, llegó el turno de que Argentina enfrentara a Brasil, el elenco conducido con Coutinho que venía de golear 3-0 a Perú en Mendoza. El DT brasileño decidió retrasar al máximo la llegada de la delegación verdeamarelha a Rosario desde la localidad mendocina Chacras de Coria al enterarse que el técnico polaco Wojciech Gmoch apuntó a la presión popular rosarina como factor principal de la derrota. Entonces los diarios paulistas y cariocas bautizaron al Gigante de Arroyito como La caldera del diablo.

Una derrota podría ser lapidaria. Y tanto Argentina como Brasil obraron en consecuencia. Protagonizaron un partido trabado, friccionado y escaso de emociones que finalizó 0 a 0, para llegar a la última fecha con chances de sacar pasaje a la final del Mundial 78. En ese partido, Menotti alistó a Fillol; Olguín, Galván, Passarella, Tarantini; Ardiles (Villa), Gallego, Kempes; Bertoni, Luque y Ortiz (Norberto Alonso).

Explosión Gigante

Perú quedó fuera de carrera al perder 1-0 con Polonia en Mendoza. Y el 21 de junio se decidiría a uno de los finalistas de la Copa del Mundo. En el primer turno, en el estadio Malvinas Argentinas mendocino, Brasil derrotó 3-1 a Polonia y obligó a Argentina a ganar para igualarlo en cantidad de puntos y convertir cuatro tantos para superarlo en diferencia de gol. La escenografía del Gigante de Arroyito, al igual que en los dos partidos anteriores, volvió a mostrar un lleno total, con gente apiñada, intentando observar el encuentro desde las puertas de acceso a las tribunas.

Argentina, con dos goles de Kempes y Luque, y uno de Tarantini y Houseman, vapuleó 6-0 a un débil Perú y accedió a la final con Holanda, dejando a Brasil con el premio consuelo de jugar por el tercer puesto con Italia. Explotó el Gigante de Arroyito y los festejos se extendieron hasta bien entrada la madrugada. Aquel equipo formó con Fillol; Olguín, Galván, Passarella, Tarantini; Omar Larrosa, Gallego (Miguel Oviedo), Kempes; Bertoni (Houseman), Luque y Ortiz.

Antes y después, con Menotti

También bajo la conducción del rosarino Menotti, la selección se presentó otras veces en el Gigante de Arroyito. Antes y después del Mundial 78. De hecho, cuando Rosario fue elegida como una de las ciudades de Latinoamérica para convertirse en sede de la Copa América del 75, el equipo albiceleste enfrentó a Venezuela (10 de agosto) y Brasil (16 de agosto) en el estadio de Central. En el primer partido, fue histórica goleada por 11-0 sobre los venezolanos, con tantos de Daniel Killer en tres ocasiones, Mario Kempes y Mario Zanabria en dos oportunidades, Américo Gallego, Osvaldo Ardiles, Ramón Bóveda y Leopoldo Luque. Aquel equipo alistó a Hugo Gatti; Andrés Rebottaro, José Pavoni, Daniel Killer, Mario Killer; Ardiles (Julio Asad), Gallego, Zanabria (Valencia); Bóveda, Luque y Kempes. En el siguiente compromiso, Argentina cayó 1-0 con los brasileños y quedó eliminada de la competencia.

La última vez que un seleccionado de Menotti jugó en el Gigante de Arroyito fue el 12 de mayo del 82, un mes antes del Mundial de España. En el último amistoso preparatorio, fue triunfo 1-0 de Argentina sobre Rumania, con gol de Ramón Díaz. Un estadio repleto acompañó la presentación de un equipo que finalmente no colmó las expectativas pero que en sus filas tenía figuras estelares como Diego Maradona y el propio Kempes.

En el viejo estadio

El 27 de noviembre del 68, Argentina se presentó por primera vez en el estadio de Central para enfrentar a otro seleccionado. Y la escenografía del Gigante de Arroyito era completamente distinta a la actual. No obstante, 20 mil hinchas se congregaron ese día en el estadio de Génova y Cordiviola, para seguir al equipo por entonces dirigido por José Minilla, en la celebración de la Copa Carlos Dittborn Pinto, un trofeo que se ponía en juego entre Argentina y Chile en las décadas del 60 y 70. Rosario fue elegida como sede para la edición del 68. Y en el partido de ida el representativo albiceleste goleó 4-0 con dos tantos de Rodolfo Fisher, uno de Carlos Veglio y otro de Héctor Minitti. Tres años después (9 de julio del 71), por la Copa Chevallier Boutell, la selección enfrentó en Arroyito a su similar de Paraguay, al que venció 1-0 con gol de César Laraignee de penal. Aquel equipo era conducido por Juan José Pizzuti.

Historia contemporánea

En pleno auge del fútbol rosarino, con Central y Newell's peleando en los primeros puestos de los campeonatos argentinos, volvió a jugar Argentina en el Gigante de Arroyito luego de nueve años de ausencia. Lo hizo el 19 de febrero del 91, en el debut del primer ciclo de Alfio Basile al frente de la selección, luego del subcampeonato del conjunto dirigido por Carlos Bilardo en el Mundial de Italia 90. Fue triunfo 2-0 sobre Hungría, con goles de Darío Franco y Antonio Mohamed. Aquel equipo del Coco formó con Sergio Goycoechea; Fabián Basualdo, Fernando Gamboa, Oscar Ruggeri, Carlos Enrique; Franco, José Luis Villarreal, Carlos Bisconti, Diego Latorre (luego ingresó Gerardo Martino); Ramón Medina Bello (Ariel Boldrini) y Mohamed (Carlos Alfaro Moreno). Cinco jugadores que actuaron esa noche militaban en equipos rosarinos: Gamboa, Franco, Martino y Boldrini (Newell's) y Bisconti (Central).

Y la última vez que Argentina jugó en el Gigante fue en un amistoso preparatorio para la Copa América de Uruguay 95. El 14 de junio de ese año, el conjunto de Daniel Passarella se impuso 2-1 sobre Paraguay, con goles de Sergio Berti y Alberto Acosta. Hasta aquí, en el Gigante de Arroyito, la selección jugó diez veces. Los números le sonríen: ganó ocho, empató uno y perdió el restante.

El sábado, con la figura convocante de Maradona, con un rosarino de lujo como Lionel Messi que recientemente fue galardonado con el premio al mejor jugador de la temporada europea, con figuras sobresalientes como Juan Sebastián Verón, Javier Mascherano, Carlos Tevez y Sergio Agüero, y con sorpresivas presencias de último momento como Rolando Schiavi y Martín Palermo, la selección regresa al Gigante luego de 14 años. Para meter a Brasil en la olla a presión en la que suele convertirse el reducto de Arroyito. Porque, tal como añora Fito, Rosario siempre estuvo cerca.

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