José Sand se llena la boca de gol. Fue el primer festejo de Lanús sobre Gimnasia y Esgrima La Plata. El domingo con sumar un punto se coronará por primera vez en su historia campeón.
Lanús venció cómodamente a Gimnasia y Esgrima La Plata y, con un punto más, que puede lograr el próximo domingo en cancha de Boca, será campeón.
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Los jugadores de Lanús parecieron liberados de una mayor responsabilidad a partir de la victoria previa de Tigre sobre Boca, ya que podían ir por el triunfo, pero sin la obligación simultánea de ser campeones con su obtención.
Esto les quitó presión a los locales y entonces pudieron desarrollar el fútbol que mejor les sienta: pelota al pie, toque y circulación por abajo. Claro que para ello contaron también con la facilidad que les otorgó un rival como Gimnasia y Esgrima La Plata.
El triunfo iba a llegar entonces por decantación. Fue a los 35 minutos del primer tiempo cuando el primer grito de la jornada se transformó en tranquilidad. En ese instante, el diminuto y hábil volante Sebastián Blanco se fue por derecha y lanzó un preciso centro que Sand, de palomita, transformó en el primer eslabón de la goleada.
De allí en adelante, Lanús empezó a regodearse, se olvidó del contexto y tocó al compás de lo que le pide su cuerpo técnico.
Pero las mejores notas llegarían en el segundo período. Es que de arranque nomás, a los seis minutos, Sand aprovechó un pelotazo frontal de Matías Fritzler para definir con clase, mientras la atribulada defensa de Gimnasia pedía una inexistente posición adelantada.
La gente empezó a gritar que «en la cancha de Boca, la vuelta vamos a dar», mientras los alumnos del «equipo de Ramón» seguían tocando y mereciendo más ventaja. En ese rubro, el abanderado era Valeri, director de orquesta y también voz cantante en el tercer gol, luego de aprovechar un rebote que dio el arquero Sebastián Cejas tras una buena jugada y posterior remate de Lautaro Acosta. La frutilla del postre llegó al final con la última conquista,con un zurdazo cruzado del paraguayo Nelson Benítez, quien justamente había reemplazado poco antes a Maximiliano Velázquez.
Después llegó el pitazo final de Héctor Baldassi y la explosión de felicidad de todo un equipo, cuerpo técnico, dirigentes y de toda una ciudad.
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