Después de varios años de excesos, a la Premier League le llegó la época de cuidar las cuentas. La crisis financiera devolvió a la realidad a los grandes clubes, que se encuentran seriamente endeudados. La llegada de los petrodólares desde medio oriente y Rusia tapan la angustiosa realidad que viven clubes de la talla de Liverpool, Newcastle y West Ham, que se han visto obligados a poner en venta a los clubes.
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La FA (Federación Inglesa) y la UEFA dieron a fines de 2008 los primeros toques de atención serios sobre los efectos de la situación financiera en el fútbol. El propio Lord Triesman, presidente de la FA, llegó a calificar de "peligro terrible" la situación del fútbol inglés ante las turbulencias económicas. Y acompañó su aviso de cifras: 3.856 millones de euros, la deuda conjunta de todos los clubes ingleses, de los que un tercio corresponde a los cuatro equipos más importantes: Liverpool, Chelsea, Arsenal y Manchester United.
Precisamente Kop Football Ltd, el grupo propietario del Liverpool, publicó sus cuentas acompañándolas de una advertencia en cuanto a su viabilidad debido a un importante endeudamiento. En lo que se refiere al ejercicio cerrado en julio de 2008, Kop Football Ltd habla de una pérdida de 48,90 millones de euros, de los cuales 42 millones representan los intereses de la deuda contraída por los copropietarios estadounidenses Rick Parry y Tom Hicks durante la compra del club en febrero de 2007, según un balance contable hecho público. El grupo tiene hasta el 24 de julio para refinanciar una deuda de 405 millones de euros pagadas hasta ahora a tasas prohibitivas.
Los nuevos propietarios del club planearon el año pasado hacer construir un nuevo estadio de 60.000 plazas cerca de Anfield, pero tuvieron que renunciar por razones financieras. Sin embargo, el club de Liverpool, segundo del campeonato de Inglaterra esta temporada, marcha bien y tuvo un beneficio de 12 millones de euros en el curso de la temporada 2007-2008 por una cifra de negocios en alza de casi un 20 por ciento a 184 millones de euros.
Otro club que empezó mal el año fue West Ham, ya que la institución londinense necesitaba liquidez después de que su propietario, Bjorgolfur Gudmundsson, tuviera que dimitir como presidente del Landsbanki, el segundo banco de Islandia, que ha sido nacionalizado por el Gobierno para evitar su quiebra. Finalmente el equipo de la Premier League pasó a ser propiedad del CB Holding, un grupo de gestión de activos y de fondos de inversión cuyo accionista mayoritario es un banco islandés Straumur Bank.
West Ham espera que la operación, estimada en 108,87 millones de euros, asegure el futuro financiero de la institución. Tras la adquisición del grupo de gestión de activos y de fondos de inversión el nuevo presidente del club inglés será Andrew Bernhardt, director del banco islandés Straumur Bank. Sin embargo, Bernhardt advirtió que aprobarán las inversiones en nuevos jugadores, pero dentro de los límites de "nuestro sensible presupuesto".
Otro claro ejemplo de la crisis del fútbol inglés es el de Newcastle, equipo que acaba de perder la categoría, y cuyos propietarios pusieron en venta la institución. En un comunicado, se informó que el precio por la venta es de 115,5 millones de euros.
Portsmouth también sucumbió ante los petrodólares y fue adquirido por el mismo dueño que el Manchester City, el jeque árabe Sulaiman Al-Fahim en 228 millones de euros. Además, le negociación incluyó el pase del delantero brasileño Robinho, cuyo pase había sido adquirido a Real Madrid por Manchester City en 40 millones de euros, una cifra record para el fútbol inglés.
Manchester United también está a merced de los bancos, mientras que el futuro del Chelsea depende de su mecenas, el millonario ruso Roman Abramovich. Su dirección anunció que se terminó la época de gastos suntuosos para fichar grandes estrellas.
Arsenal pensaba financiar en parte su deuda de 370 millones de euros, nacida de la construcción del Emirates Stadium, con un proyecto inmobiliario en su antiguo recinto de Highbury. Pero el mercado londinense está de capa caída y los ingresos esperados podrían no llegar nunca.
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