7 de abril 2005 - 00:00

Murió Rainiero III, príncipe de Mónaco

Una residente de Mónaco extiende un manto negro sobre un retrato de Rainiero y Grace Kelly. Murió el hombre que transformó el pequeño principado en sinónimo de riqueza y glamour.
Una residente de Mónaco extiende un manto negro sobre un retrato de Rainiero y Grace Kelly. Murió el hombre que transformó el pequeño principado en sinónimo de riqueza y glamour.
Mónaco (Reuters, EFE, AFP, ASN) - El príncipe Rainiero III de Mónaco, quien transformó uno de los estados más pequeños del mundo en un paraíso glamoroso para multimillonarios, murió ayer a los 81 años.

Fuentes del Palacio dijeron que el monarca más longevo de Europa, que gobernó durante 55 años, falleció debido a problemas cardíacos, renales y pulmonares, tras un mes de internación y agonía en el Centro Cardio-Torácico de Mónaco.

Rainiero llevó el glamour de Hollywood a Mónaco al casarse con la bella actriz estadounidense Grace Kelly en 1956 y convertir a su principado en una zona de recreo para los ricos. La princesa Grace murió en 1982 en un accidente automovilístico y el monarca, con el corazón roto, nunca se volvió a casar. Se espera ahora que sea enterrado junto a ella el viernes 15 de abril, día fijado para su funeral.

A Rainiero lo sucede su hijo Alberto, de 47 años. El príncipe heredero ya asumió la regencia la semana pasada cuando se desvanecieron las esperanzas de recuperación de su padre.

Alberto es un hombre tímido que ha vivido a la sombra de sus padres y hermanas, mientras se lo educaba para el poder como único hijo varón. A Alberto se le ha relacionado con muchas modelos y actrices pero nunca se ha casado, lo cual también despertó rumores.

Las hijas de Rainiero, Estefanía y Carolina, han protagonizado una serie de relaciones íntimas desastrosas.

Rainiero dirigía oficialmente el pequeño principado del Mediterráneo desde el 11 de abril de 1950.

Las banderas del principado ya ondeaban ayer a media asta en memoria del papa Juan Pablo II. El ambiente era sombrío.

«Todos aquí nos sentimos huérfanos», dijo
Patrick Leclercq, ministro del Estado de Mónaco, en un comunicado retransmitido por la televisión francesa.

• Solitario

El príncipe reforzó la soberanía de Mónaco al reconocerse su espacio aéreo y aguas territoriales y obtener un puesto en las Naciones Unidas en 1993. Sin embargo, el jefe de gobierno debe ser un francés y París se encarga de la defensa del principado.

Al llegar al poder el principado era conocido por poco más que su casino del siglo XIX. Rainiero logró llevarlo a la era de los rascacielos, la banca internacional y los negocios.


En los años '90, el juego suponía menos de 5% de los ingresos anuales de Mónaco y el grueso provenía de la industria, el turismo, el comercio y los impuestos al consumo.

Los multimillonarios comenzaron a llegar a Mónaco, atraídos por la ausencia de impuestos a los ingresos y la protección ofrecida por la policía y las cámaras de seguridad en casi todas las calles. Sus críticos dicen que el florecimiento inmobiliario ha convertido la bonita localidad costera, cuyos 30.000 habitantes se concentran en 200 hectáreas, en un «pequeño Manhattan». «Tras su dilatado reinado, el príncipe Rainiero deja a Mónaco un legado de prosperidad y estabilidad que colocó a su país en un puesto destacado dentro de la familia europea», dijo el presidente del Gobierno español,
José Luis Rodríguez Zapatero, en un telegrama enviado al príncipe Alberto. Los presidentes de Estados Unidos, Francia y Alemania también expresaron sus condolencias.

«Será recordado como un respetado líder que aseguró la prosperidad del pueblo de Mónaco», dijo
George W. Bush en un comunicado divulgado en Washington. « Mónaco y Estados Unidos mantienen desde hace tiempo un vínculo especial de amistad. Presentamos nuestras profundas condolencias al príncipe Alberto, a la familia Grimaldi y a todos los monegascos», subrayó.

Pero Rainiero -el segundo monarca que más años ha gobernado en el mundo después del rey tailandés
Bhumibol Adulyadej se veía solitario en los últimos años de su vida, mientras los medios de comunicación se centraban en los problemas de sus hijos y en acusaciones de que Mónaco se había convertido en un refugio para el dinero negro de las mafias.

A pesar de toda la prosperidad de Mónaco, el reinado de Rainiero parecía de algún modo sustentar la legendaria maldición de la dinastía Grimaldi, que ha perseguido a su familia durante sus siete siglos de poder en Mónaco.

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