La mayoría de ellos tiene pocos partidos en primera, y lo más probable es que ninguno se acerque siquiera a la trayectoria que el sábado a la noche cerraba Alberto Acosta. Se habla de los jugadores de Vélez Sarsfield, claro, que en una exhibición de envidia, mediocridad, y tontería pocas veces vista se negaron a aplaudir o saludar al «Beto» al momento de abandonar el fútbol.
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La mayoría, por juventud e inexperiencia, seguramente no había tenido ocasión de acumular pasadas querellas contra el goleador, por lo que su actitud es aún más inexplicable. Como resulta incomprensible y hasta imperdonable que varios de ellos se hayan acercado a Acosta a «chamuyarlo» antes de que éste ejecu-tara el penal (justamente cobrado por el juez Sánchez) que se convertiría, final-mente, en su gol 300.
¿Qué ganaban si lo erraba? San Lorenzo ya ganaba 3 a 1, faltaba poco para el final y la única «satisfacción» habría sido que Acosta no llegara a la meta que él mismo se había fijado. ¿299 son poco, y 300 mucho? ¿No llegar a la cifra redonda empequeñecía su carrera? Más incomprensible aún es que Carlos Ischia, técnico de Vélez no obligara a sus dirigidos a modificar su actitud. Se habrían evitado, Ischia y sus jugadores, el monumental papelón del sábado a la noche.
El final patético estuvo a cargo del arquero Peratta, que terminado el encuentro pateó la pelota a la tribuna con la obvia, única intención de que Acosta no haya podido quedarse con el balón de su último partido oficial. S.D.
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