A una semana de empezar el torneo Clausura, Boca y River quedaron a mano en el verano y demostraron que serán animadores de un campeonato que se presenta con buenas perspectivas futbolísticas.
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Diego Simeone debió «archivar» su planteo 3-3-1-3 y reemplazarlo por una con 4 defensores, pero que permita convivir en ofensiva a Ortega, Alexis Sánchez, Radamel Falcao García y Sebastián Abreu.
Los que despliegan el equipo en 4 líneas dirán que es 4-2-2-2, pero se parece mucho al tradicional 4-2-4 que hizo popular Brasil en 1958 y que le dio 3 de sus 5 campeonatos mundiales.
De cualquier manera, con cuatro líneas o con tres, el planteo es ofensivo y busca como aquel Brasil «hacer por lo menos un gol más que el rival». El mítico técnico brasileño Pedro Feola decía que «la mejor defensa es un buen ataque». Una variante de la teoría de la «manta corta» que después popularizó otro brasileño: Tim.
En Boca son más tradicionales, juegan un 4-3-1-2 o en tres líneas un 4-4-2. Allí Juan Román Riquelme es el «dueño de la pelota» y de su inteligencia y habilidad para pegarle a la pelota gira todo el poder ofensivo del equipo. Lo demostró en el primer partido cuando Boca derrotó por 2 a 0 a River, y lo volvió a demostrar el sábado con su ausencia, que le quitó a Boca la claridad para manejar la pelota y terminó dividiéndola y perdiendo con River por 3 a 2.
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