River se coronó campeón de la Copa Libertadores tras 19 años.
Hace cuatro años, River vivía el peor de los infiernos. Entre incidentes e hinchas y jugadores llorando, el descenso marcó a fuego la memoria "millonaria". Pero poco a poco, la historia se fue revirtiendo: primero llegó el título local, luego la Copa Sudamericana y ahora, la gloria más esperada y deseada, la Libertadores.
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En un partido memorable y con más de 70 mil fanáticos como marco, el club de Núñez se consagró campeón por tercera vez en su historia en el máximo torneo continental, imponiéndose 3-0 a Tigres luego del 0-0 de la ida jugada en Monterrey.
La lluvia le dio un condimento ideal, épico, a una noche que no se borrará más del recuerdo riverplatense. Desde la llegada de Marcelo Gallardo como DT, el equipo recuperó la identidad perdida, la que se forjó en las legendarias formaciones de La Máquina, el de la década de los 70 o el de Ramón Díaz de los 90. Con juego y convicción, la "Banda" es el ganador vigente de todos los torneos de Sudamérica.
Pero el inicio de la revancha ante el elenco mexicano no arrancó de la mejor forma. El primer tiempo evidenció los miedos, nervios y ansiedades de cada uno. River quería recuperar su lugar, y Tigres romper con el maleficio y ser el primer mexicano en ganar la Libertadores.
En ese contexto, los dirigidos por Ricardo Ferretti apostaron por su mejor arma, los ataques exteriores. Las bandas no explotaron como en otros partidos, pero generaron inquietudes en la defensa local.
Tigres tuvo dos claras de la mano del brasileño Rafael Sobis. La primera quedó sólo contra Marcelo Barovero, pero al entrar al área, una llegada providencial de Jonatan Maidana desactivó el peligro. Minutos después, el delantero visitante elaboró una buena jugada personal, pero nunca tuvo el temple para definirla y se esfumó en un pase al medio del área que nadie pudo aprovechar.
River no tuvo más que el gol, y el fútbol se trata de efectividad. La línea defensiva soportó la poca presión visitante, y el mediocampo asfixió a su rival. Leonardo Ponzio y Matías Kranevitter recuperaron todo el tiempo, mientras que Carlos Sánchez a la derecha y Nicolás Bertolo a la izquierda no pudieron gravitar con todo su poder.
A un minuto del cierre, Leonel Vangioni desbordó, encaró a un mediocampista de Tigres y lanzó un centro perfecto que Lucas Alario, el joven que tomó sin ningún peso el lugar de centrodelantero de River, acomodó junto a un palo con un gran gesto técnico y con la complicidad de la última de los dirigidos por Ferretti.
Gol, grito desaforado y la emoción y ansiedad de más de 70 mil personas en el Monumental y millones en todo el país.
En la misma tónica siguió el complemento, pero los dirigidos por Gallardo, en esta ocasión por Matías Biscay ya que el "Muñeco" estaba suspendido, contaba con la ventaja a su favor. Y los de Monterrey no supieron lastimar.
Cada ataque de la visita se disolvió rápidamente por la actuación de los defensores o por propia impericia. Entonces River sólo debía acertar las que tuviera, algo que ocurrió dos veces.
Cuando promediaba el segundo tiempo, Sánchez entró al área y Javier Aquino le cometió un infantil penal. El uruguayo no falló y empezó a sellar la historia. Pocos minutos después, un corner desde la izquierda que conectó en forma letal Ramiro Funes Mori decretó el resultado final.
El 3-0 le dio el respiro final a River, que se dedicó a jugar y hacer sentir campeón a sus hinchas, que volvieron a festejar tras 19 años. Pasaron los peores años de su historia, pero ya quedaron atrás.
Ahora al "Millonario" tiene en su poder la Copa Libertadores, la Sudamericana y la Recopa, y en diciembre disputará el Mundial de Clubes en Japón, augurando un cruce titánico ante Barcelona. El futuro es mejor que el pasado, y el presente de River es puro festejo.
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