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9 de octubre 2003 - 00:00

River fue una gran sinfónica que funcionó a la perfección

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Independiente salió a jugarsecon lo que tenía. Obviamente no era mucho: algún encuentro Giménez y Morales y tratar de imponer algún remate por la vía de Caggiano o Castillo y cuando se ponía lanzar algún defensor en ataque, lo hacía. Sin embargó terminó con inconsistentes remates de media distancia.

River -más allá de los tres goles (4-1 en el partido de ida) que llevaba de ventaja-daba siempre la sensación de tener un mayor volumen de juego. Por lo menos era siempre más simple en la salida, suelto en el traslado y con alguna idea más clara en tres cuartos de cancha hacia adelante.

De lo contrario será difícil explicar esos tres manos a mano (a través de Coudet, Domínguez y Ludueña) como para darle al partido cifras definitivas.

Sin embargo, el gol no llegó por ese camino, sino por una «avivada» de Cavenaghi: fue a una pelota junto a Albil y cuando el arquero iba a tomar la pelota, anticipó los dedos de su mano derecha y la pelota siguió su curso para enviarla a la red.

Si para Independiente la diferenciaya era un peso excesivode llevar, ni hablar a partir de ese momento y mucho menos cuando Ludueña capitalizó un pase de Coudet y cruzado, de rastrón, puso el segundo.

River se quedó con la serenidad de Coudet, la potencia de Cavenaghi, el manejo de Ludueña y la rotación de Domínguez, Ferreyra y Pereyra para llegar a marcar diferencias que estaban por encima del marcador. Sólo habrá que sumarle el penal de Coudet, un golazo de Darío Husaín... Una diferencia que siempre dio la sensación de «cosa imposible» para esta despedida de Ruggeri -que por lo visto-pudo ser peor.

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