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Ambos llegaban listos para la "gran final", jugaron un partido cerrado e intenso y sobre el final Racing, el malo de la película que pretendía arruinar la fiesta millonaria, tuvo la chance de ganarlo cuando River perdió a su arquero y tuvo que enviar a un jugador de campo (Martín Demichelis) para que defendiera la valla ante un peligro tiro libre.
El suspenso fue cumbre: Ubeda desperdició la posibilidad de manera infantil y en la réplica Nelson Cuevas, como ese muchachito humilde al que todo le cuesta el doble, ensayó una corrida electrizante y convirtió el gol que vale un campeonato y lo graduó de héroe.
Acto seguido, terminó el partido y los hombres de Ramón Díaz se fundieron en un abrazo simbólico con el 80 por ciento del estadio Monumental que vociferaba, todavía sin creerlo, un estremecedor "dale campeón".
River (37 unidades), cuando restan tres fechas por jugarse, conserva la distancia de 4 puntos en la cima del Clausura respecto de su perseguidor Gimnasia y Esgrima La Plata y debe encarar la recta final ante equipos muy inferiores potencialmente.
Racing, que terminó con sus esperanzas de renovar el título, sufrió la expulsión de Adrián Bastía a los 40 minutos del segundo tiempo y River, antes de la agónica conquista, la de su arquero Angel Comizzo.
Como todo film, el partido tuvo su "backstage": River fue superior y estuvo cerca de llegar al gol en el primer tiempo, y Racing en el complemento.
El equipo de Ramón Díaz encaró la historia con mayor protagonismo y dominó claramente el primer cuarto de hora de un encuentro que ya se insinuaba electrizante.
La trilogía que formaron D'Alessandro, Cambiasso y Coudet dotó de fútbol y rápida circulación al circuito de juego de River, que en ese lapso desbordaba el esquema de contención ideado por Merlo.
Campagnuolo, la figura del campeón en el Clausura, evitó el gol de D'Alessandro dos veces en los primeros siete minutos.
Pasados los quince, Racing equilibró el desarrollo en la mitad del campo y el partido perdió emoción porque ya no tuvo el vértigo del inicio.
En ese contexto de paridad, Arano estuvo cerca de poner en ventaja a los de Avellaneda (19'), mientras que Cavenaghi y Ayala, después, casi adelantan a su equipo en el marcador con sendos cabezazos.
River no pudo mantener la superioridad durante el complemento porque sus producciones individuales mermaron y Racing se posicionó mejor en la zona de volantes.
Paulatinamente creció la figura de Chatruc, quien ayudado por el despliegue de Arano tuvo un diálogo mucho más fluido con los delanteros.
Racing, siempre parado para contraatacar, se acercó con mayor frecuencia al área de Comizzo que River a la de Campagnuolo, aunque situaciones claras hubo para los dos lados.
El veterano arquero "millonario", a los 11 y 32 minutos impidió el gol de Maximiliano Estévez en dos acciones que paralizaron todos los corazones presentes en el estadio.
Y Cuevas, a los 34 minutos, sin saber lo que el destino le tenía preparado, quiso enterrarse en el césped del propio Monumental cuando dilapidó un mano a mano, después de una gran acción colectiva.
Ningún equipo era capaz de usufructar las situaciones de riesgo y el resultado parecía inquebrantable. Por eso el final del partido resultó imprevisible.
Racing sabía que el único resultado que le servía era la victoria, pero se equivoco en todas las ocasiones que dispuso, fundamentalmente en aquella de los 45 minutos, cuando Demichelis, indefenso en el arco esperaba que algún rival lo fusilara con un tiro libre ideal para un zurdo, muy cerca a la medialuna.
Todos esperaban un remate violento y preciso del colombiano Bedoya, pero la visita sorprendió con una jugada preparada que Ubeda resolvió muy mal y generó el gol de Cuevas.
La pelota, después de rebotar en la barrera, fue tomada por Rojas. El paraguayo corrió unos metros, se la cedió a su compatriota, quien arrancó en la mitad de la cancha y definió en el área, después de sortear a Campagnuolo.
Y en un instante, River pasó de la angustia de perderlo todo a la felicidad de la consagración. Como en el cine. Como en el fútbol.
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