Era previsible. A River le costó mucho más de lo que se presuponía. No jugó bien y, al final, lo hizo a puro corazón. Claro, no alcanza si no se pone la cuota indispensable de fútbol. Cruz Azul fue un equipo prolijo, sin lujos, pero de buen trato de pelota, y se llevó un empate (en cero) en este partido de ida que hace que crezcan posibilidades mexicanas para esperar el partido que se disputará en el Azteca.
Dicen que Trejo, el técnico de los mexicanos, les dijo a sus dirigidos: «Muchachos, no le hagan caso a los gritos, no se atemoricen, hagan como si fueran locales...». Vaya si le hicieron caso. Tanto que cuando terminó el primer tiempo, en los vestuarios, el que debió apelar a todos sus recursos debió ser Gallego.
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No habían transcurrido dos minutos cuando River había tenido en su favor dos posibilidades y dos córner. Bastó que los mexicanos pasaran ese «chubasco» y se animaran a cruzar la mitad de la cancha para poner en claro que a River no se le haría fácil el triunfo. Se podría decir que a la hora del balance, River llevó la peor parte. En otras palabras, es como decir que Cruz Azul tuvo las mejores posibilidades.
La diferencia entre uno y otro estaba en la armonía de conjunto. Mientras River se preocupaba por agrupar gente en defensa, como si tuvieran miedo de sus propios errores, Cruz Azul hacía correr la pelota con precisión y velocidad, siempre escalonando posibilidades hacia el arco de Costanzo. El gran artífice de esa diferencia tal vez estaba en la capacidad de armado que imponía nuestro conocido «Matute» Morales.
A River le costaba salir, porque cuando intentaba enviar la pelota por arriba, le ganaban en el cabezazo y, cuando lo hacía por abajo, terminaba en la individualidad de Ortega o Saviola, que no acertaban ni juntos ni separados. Era un River disperso, como extrañando las ausencias de Coudet y Cardetti, porque ni Alvarez, ni Cuevas, ni Pereyra se acercaban con posibilidades de auxilio efectivo. River llegó recién pasados los veinte minutos de juego, y el primer re-mate limpio apareció sobre la expiración de la primera etapa por intermedio de Saviola.
Cruz Azul también mostró que era más eficaz atacando que defendiendo. Ni Angeles ni Alma-guer daban confianza, pero cuando la pelota partía hacia Hernández, Pinheiro o -como se dijo-Morales, el ataque tenía otra fisonomía. Palencia y Cardozo tuvieron en sus pies un par de oportunidades de importancia.
Lo mejor de River fue cuando ingresó D'Alessandro, primero (le cambió la cara ofensiva al equipo); Escudero y Cavenaghi, después. Cruz Azul caminó por la cuerda floja, pero contó con el apuro y el desorden del propio River, que no daba con la fórmula de hacer fácil lo complejo. Más, cuando los mexicanos se cerraron en defensa dejando tantos espacios como vacilaciones. Luego regalaron la pelota y apostaron al contraataque. Cruz Azul esperó (o aguantó), pero se llevó el empate, que es realmente lo que vale.
RIVER 0 - CRUZ AZUL 0
River Plate: Costanzo; Lombardi, C. Ayala, Yepes, R. Rojas; Guillermo Pereyra, Astrada, D. Alvarez, Ortega; Saviola y Cuevas. DT: A. Gallego.
Cruz Azul: Pérez; V. Gutiérrez, Angeles, Almaguer, Brown; Galdames, J. Hernández, Pinheiro, A. Morales; Palencia y Cardozo. DT: J.L. Trejo.
Cambios: ST D'Alessandro por Alvarez (R), 15m Escudero por Pereyra (R), 21m Cavenaghi por Cuevas (R), 30m Campos por Gutiérrez (CA), 36m Belloso por Cardozo (CA).
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