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El equipo de Avellaneda fue el más prolijo. Manejó con mayores fundamentos la pelota y la presión para recuperarla en la mitad de la cancha, tuvo en la potencia (fuerza en velocidad) de Lisandro López y Cardetti a dos delanteros punzantes y peligrosos y, hasta esos 10 minutos finales, una defensa segura que anuló a delanteros tan peligrosos como Maximiliano López y Cuevas.
En cambio, River dio ventajas defensivas -sobre todo por sus laterales-, no se pudo adueñar de la pelota en la mitad de la cancha y no tuvo movilidad en sus delanteros.
El partido se jugó a mucho ritmo, con más vértigo que dirección en los pases, y eso conspiró con el trabajo de River. Racing ganó la zona media a partir de la marca de Torres y la movilidad por izquierda del chileno Mirósevic. En cambio, no respondió de la misma manera Marinelli, que estuvo impreciso a la hora de intentar el enlace. Sin embargo, López y Cardetti siempre se arreglaron para crear no menos de seis situaciones de gol, que fueron conjuradas por un seguro Costanzo.
Ante esta supremacía en el juego, Astrada hizo ingresar a Jairo Patiño y a Marcelo Salas para tener «más volumen de juego» y equilibrar con manejo la zona central. Tanto que Salas se juntó con Gastón Fernández -casi como un mediocampista de enlace-para equilibrar la zona. En el mejor momento de River, Racing marcó el gol de la apertura del marcador con un cabezazo perfecto de Lisandro López y con ello neutralizó la levantada del rival. Entró Sand por Juan Fernández, y Salas pasó a jugar de extremo izquierdo para atacar casi con cuatro delanteros. River se desordenó defensivamente, pero logró imponer un atacante más para buscar el empate y lo consiguió en una gran jugada de Salas que habilitó a Luis González, para que éste consiga el gol.
Precisamente Salas se dio cuenta de que superaba con facilidad a Araujo y aprovechó la oportunidad. Otro desborde del chileno terminó con un remate que Luchetti apenas pudo desviar, aprovechando Sand para marcar el gol del triunfo.
River pasó a ganar un partido que parecía tener otro desenlace y en los últimos tres minutos hasta pudo lograr otro gol. Racing había hecho todo «el gasto» del partido, pero se quedó con las manos vacías. El fútbol es así.