3 de marzo 2003 - 00:00

River vuelve con todo

A River le pasa lo que a cualquier humano. Comienza a soñar con fantasmas; primero pequeños, después se van agrandando y, cuando se convierten en pesadilla, es como si de pronto se despertara y estuviera viendo otra realidad. Mucho más tranquila, sin tantas zozobras y nos complicaciones. En fútbol, eso lo puede un gol, como el que convirtió Cavenaghi -luego de un gran pase de D'Alessandro, un impecable pique de Fuertes y el posterior pase. Que más tarde se redondeó con un remate de Luis González tras un rebote fallido de un defensor.

Fue el momento donde pare-ció que se trastrocaran las cosas. No porque River hubiese sido menos que su adversario, sino porque todo se hizo en función de sus propios errores y desaciertos. Los que pasaron por secuencias de vértigo, de hombres que corrían más rápido que la pelota y que cuando se serenaban faltaba la cuota de pausa necesaria para definir.

Colón fue manejando todos esos tiempos. Sólido en la línea de fondo (Martínez, Morán, Pícoli y Pereyra). Sin embargo, el medio de los santafesinos funcionó con intermitencias, porque ni Capurro, ni Delgado, ni Parodi supieron darle sustento ofensivo a Belloso y, esporádicamente, a Blanco.

River sabía que hiciera lo que programaran o no, siempre caminaría por la cuerda floja: si atacaba con mucha gente, se exponía al contraataque; si no lo hacía, debía padecer la experiencia de algunos jugadores de Colón, que saben encontrar espacios cuando vienen escalando con mucha gente.

Este partido le sirve a River -entonces-para aventar fantasmas, serenar su juego, armonizar en conjunto y pensar que jugadores como Barrado (su figura excluyente) están para más que ser un simple hombre de recambio, tanto que hizo olvidar las acostumbradas entradas de Coudet por punta derecha.

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