Como con un destino predeterminado, River terminó el torneo como lo jugó. Fue el equipo que más veces se puso en ventaja y también, valga paradoja, al que más veces le empataron o le dieron vuelta el resultado.
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Con Vélez volvió a pasar lo mismo. Ganaba con un gol de Gonzalo Higuaín (¿habrá jugado su último partido en River el día que cumplió 19 años?) y era superior, aun con 10 hombres por la expulsión de Nasuti, a Vélez, pero retrasó sus líneas y le dejó todo el protagonismo a un rival que no tuvo muchas ideas, pero sí gran voluntad.
Cuando faltaban cinco minutos y el resultado parecía sellado, se produjo un largo centro de Damián Escudero. Ganó en lo alto Lucas Castromán y su cabezazo rebotó en el travesaño; cuando la pelota caía, Juan Pablo Carrizo la quiso retener y con su antebrazo la metió en su propio arco. En el banco de suplentes, Daniel Passarella esbozó una mueca de fastidio contra el destino que no le permitía festejar ni en la despedida del torneo.
Un torneo que lo tuvo de protagonista en las primeras fechas, pero por sus errores defensivos y su falta de contundencia no pudo terminar peleando.
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