San Lorenzo debía afrontar un partido más difícil de lo que señalan los números y el capricho de la tabla de posiciones. Es cierto que Los Andes debía ganar para sumar algunos puntos importantes para tratar de evitar el descenso, pero el peso grande estaba sobre las espaldas del equipo que plantó en el campo de juego Pellegrini. No demasiado distinto de lo que tenía que superar River en Rosario ante Newell's.
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Esa necesidad imperiosa de ganar hace que los cambios de «sensación térmica» sean distintos. Se refleja en un andar -por demás rápido y, por lo tanto, impreciso-en los nervios que se hacen presa del jugador cuando los minutos pasan y el gol no llega, y todo el equipo se contagia de contradicciones. En realidad, un partido que venía más a la medida de Los Andes que de San Lorenzo.
Russo seguramente diagramó un esquema defensivo para esta circunstancia. Mucha gente en defensa, no dar espacio para la movilidad de Leo Rodríguez y Romagnoli, y obtenida la pelota, ponerla contra el piso para intentar el contraataque por el camino del pelotazo largo, explotando la pausa que imponía Víctor López y la velocidad de Maggiolo y Sebastián Domínguez.
El partido se fue viviendo con las portátiles en el oído. Los gritos de la tribuna (con los goles de Newell's que luego acallaron los jugadores de River) bajaron hacia los jugadores y trajeron más ansiedad a la ansiedad. La posibilidad estaba ahí y San Lorenzo se hizo de la pelota. Con pocas ideas y mucho desorden. Simplemente porque cuando se le prendía alguna luz a Leo Rodríguez, Romagnoli andaba en la oscuridad. Podría decirse que al revés también pasaba lo mismo.
San Lorenzo no sólo no tenía profundidad, sino que -más allá de dos remates que se dividieron Leo Rodríguez y Romeo-el resto pasó por una llamativa nebulosa futbolística. Tanto que si hubo algún momento de riesgo fue sobre el arco de Campagnuolo. La más llamativa fue una jugada donde el arquero salió a cortar una pelota, la adelantó y cuando Maggiolo la enviaba a la red, Campagnuolo «se lo llevó puesto».
Ruscio tal vez no quiso restarle emoción al campeonato y gesticuló con el «siga, siga...». Ahí pudo cambiar el ritmo de la historia o, por lo menos, obligar a San Lorenzo a dar un paso al frente, ponerse más cerca del gol, aunque haya debido a costa de arriesgar más. Claro, tampoco nadie puede decir lo que podría haber pasado. Lo cierto fue que, a punta de corazón, San Lorenzo siguió «pechando», mal, pero ponía una cuota de emotividad en su afán de convertir. A la que se le impuso la jerarquía del arquero Buljubasich, con su enorme trabajo.
Cuando parecía que el empate era «cosa juzgada», apareció Coloccini, paró con el pecho la pelota que llegaba desde un córner y procuró el remate. Hubo dos elementos simultáneos: explosión en San Lorenzo y protestas de los jugadores de Los Andes. A pesar de que en el juego ninguno demostró su condición en la tabla de posiciones. San Lorenzo, por estar en el primer lugar, y Los Andes, que parece condenado al descenso. Ni uno fue tanto ni el otro tan poco. Se podría decir que por momentos fue el mundo del revés. San Lorenzo: Campagnuolo; Serrizuela, Ameli, Coloccini y Paredes; Tuzzio y Michelini; L. Romagnoli y L. Rodríguez; R. Estévez y Romeo. DT: Pellegrini. Los Andes: Buljubasich; Plaza, Pajuelo y Marchessini; Pieters, Noce, Netto, Salomón y V. López; Maggiolo y S. Domínguez. DT: Russo. Gol: ST 39m Coloccini (SL).
Cambios: ST 9m Desagastizábal por Domínguez (LA); 15m Ervitti por Tuzzio (SL); 21m J. Quinteros por L. Rodríguez (SL); 24m Abreu por Romeo (SL).
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