Argentina consiguió a los 3 minutos, en su primera llegada, el gol por intermedio de Crespo, y cuando todos pensaban que Brasil iba a salir en busca del empate, el equipo de Pekerman formó un cerrojo muy bien estudiado para cortar los circuitos futbolísticos que podrían generar Kaká, Adriano y Ronaldinho. Con mucha gente en el mediocampo, el partido se hizo muy trabado, y fue entonces cuando afloró lo mejor de Argentina.
Simplemente, porque «tapó» el sector derecho para que Roberto Carlos no se proyectara al ataque y porque comenzó a encontrar espacios por la vía de Mascherano y de Sorín que hicieron un juego de contención, como si fuera un doble cinco.
De ahí en más, la Selección argentina mostró la misma superioridad en el manejo de la pelota del que siempre hace gala Brasil. Ahí apareció, de pronto, la gran categoría y el manejo de Riquelme que, por momentos, hizo estragos en una defensa rival tambaleante donde Juan y Roque Junior no pudieron tomar a los delanteros ni a los volantes argentinos.
Argentina comenzó a jugar formando parejas. Se complementaron muy bien Luis González y Saviola, mientras Crespo partió siempre en diagonales encontrando espacios para llegar al área de Dida.
Ese cuadrado mágico que hizo permanentemente Argentina por todo el ancho de la cancha provocó que Brasil dude entre ir al ataque o esperar.
Argentina ganó por actitud, manejo de pelota y en superioridad de tres cuartos de cancha en adelante. Brasil no podía contra todo eso, porque no hallaba espacios, porque sus hombres clave se encontraban tapados, sin conexión, y tenían que apelar a las individualidades de Robinho, Adriano o Ze Roberto, que son los menos dotados en el manejo de la pelota.
La jugada más vistosa y peligrosa de Brasil en el primer tiempo fue una apilada de Ronaldinho que terminó cortando el eficiente Heinze. Pero a esa altura, con la «magia» de Riquelme y el oportunismo de Crespo, Argentina ya había sacado tres goles de ventaja.
En el segundo tiempo, las cosas cambiaron. Argentina aflojó las marcas, cedió terreno, y ahí se vio lo mejor de Brasil, aunque siempre en individualidades. No terminó en un papelón histórico porque Ronaldinho y su individualidad y un tiro libre magnífico de Roberto Carlos achicaron la diferencia.
Argentina se dedicó sólo a marcar e intentar algún contraataque, pero jugando en su propio terreno permitió que Brasil estuviera más cerca de achicar aún más la diferencia.
Los brasileños contaron para eso con mucha gente en terreno adversario y, además, con las dudas de Abbondanzieri y la «ausencia» de Riquelme.
De todas maneras, ya Argentina había hecho lo suficiente como para que Brasil se llevara un susto histórico.
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