Sólido. Nalbandian jugó un gran partido y dejó sin respuestas a Mónaco.
Por Ariel Giuliani.- Una cancha central del Buenos Aires Lawn Tennis Club abarrotada fue testigo de una exhibición magistral de David Nalbandian: 6-3 y 6-1 a Juan Mónaco, que poco pudo hacer aunque fue un digno participante de un espectáculo tenístico.
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El partido arrancó muy favorable para el de Unquillo. En el primer game quebró el saque de "Pico". Allí comenzó la clase de Nalbandian. Un verdadero regocijo para todos los espectadores.
El primer set siguió en esa sintonía de superioridad clara del "Rey David" y su rival sólo tuvo momentos de pelea vana. Estando 3-1 arriba y con doble break point a favor, Mónaco metió un sobrepique increíble que los jueces de línea dieron como malo, pero que el juez de silla corrigió. En ese momento todos pensaron que el de Tandil podía torcer el rumbo por mantener su servicio. Pero no.
Nalbandian mantuvo la diferencia a su favor. Pegó cuanta pelota venía del otro lado y sin fallar. La confianza estaba en su juego y concretó un nivel demasiado alto. En ese marco, Mónaco no tuvo nada para hacer.
El game final fue largo producto del tesón de "Pico". Nalbandian insistió y consiguió lo que buscaba: cerró el set en 6-3, luego de varios puntos de quiebre.
El segundo parcial fue una demostración de tenis típica de un jugador que nació con talento y lo profundizó a los largo de su carrera. El cordobés sacó golpes finos y demoledores. Las plateas se maravillaban con los toques y los ángulos.
Así, Nalbandian quebró de entrada y destruyó las esperanzas de su rival, que siguió luchando y tratando de acompañar su juego con garra. No alcanzó, pero el reconocimiento fue amplio para él.
Aunque fue algo corto en tiempo, el segundo set tuvo momentos de alto vuelo de ambos lados. Con golpes parejos, el cordobés sacó una gran diferencia con su revés, algo que Mónaco no pudo solventar. Allí radicó la gran clave de esta historia.
Con el tablero de su lado, David se dedicó a jugar como realmente sabe y se probó la ropa que más le gusta: la de candidato, la del cuco que nadie quiere enfrentar, sin importar la superficie o el torneo.
Ahora Nalbandian irá con Carlos Berlocq, que se llevó una victoria maravillosa: 6-2 y 6-1 a Gilles Simon, el número 12 del mundo.
El finalista de Wimbledon 2002 sabe que aparece como el gran favorito. Pocos tendrán la oportunidad de vencerlo y eso juega a su favor. Una vez más, el Rey quiere hacer valer su trono.