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La Selección juvenil jugó 30 minutos casi perfectos. Con mucha presión sobre el rival, rotación y desborde por los dos costados. Solamente le faltó el gol, aunque desperdició tres situaciones muy favorables para convertir. En esos minutos, los jugadores de Brasil estaban descontrolados y agresivos, ante la permisividad del árbitro, Carlos Amarilla, que tuvo una lamentable actuación porque no midió con la misma vara a los dos.
Rivas era imparable para la defensa brasileña y Carrusca y Zabaleta desbordaban por los costados como si fueran delanteros. En la mitad de la cancha Tevez «apilaba» rivales y con su habilidad los dejaba en el camino; el único que parecía no estar en sintonía era Cavenaghi, quien desperdició las pelotas que le llegaron. Pasados esos 30 minutos, la Selección argentina aflojó la presión y Brasil, ayudado por polémicas decisiones arbitrales, emparejó el trámite del partido. La Selección retrasó sus líneas y les permitió crecer a los mediocampistas brasileños, que con campo y pelota empezaron a acercarse peligrosamente al área que defendió Eberto.
Tevez siguió siendo «el dueño de la pelota» y de sus pies nacieron todos los contraataques argentinos. Brasil terminó tirando centros y Eberto mostró mucha seguridad en el juego de alto. Argentina terminó ganando con total justicia en la mejor actuación del torneo y ahora el Mundial está muy cerca y, por qué no, también el título de campeón sudamericano.
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